lunes, 8 de abril de 2013

La Nueva Evangelización y el branding




Por Pablo Sánchez. Hace unos meses, en un blog sobre identidad corporativa, leí este artículo acerca de la nueva imagen de la Iglesia de Dinamarca. Acostumbrado a ver entre sus páginas artículos sobre identidades de empresas, logos de Juegos Olímpicos y marcas promocionales de países, me sorprendió encontrar una Iglesia entre los casos analizados en el blog. ¡Una Iglesia adoptando estrategias de branding!


La Iglesia de Dinamarca (Folkekirken cuenta con 2 000 parroquias distribuidas por todo el país. Su pequeña talla hace que este proyecto de dotar a toda la iglesia de una identidad común sea menos complicado que si se hiciera, por ejemplo, en la Iglesia católica.  También se la considera una iglesia liberal y abierta, y su papel en la sociedad danesa es reconocido incluso por los daneses no creyentes, que la consideran vehículo de la cultura del país.

Hace poco tiempo, repasando algunos apuntes sobre la nueva evangelización que los jóvenes de Profundización y Militancia recibimos para preparar la XI Asamblea Nacional de Acit Joven, volví a pensar en este ejemplo. Nueva evangelización: nueva en formas, lenguajes y maneras de transmitir el mensaje y realizar la tarea que se le confió a la Iglesia hace dos mil años. El Instrumentum Laboris de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos nos dice: "el adjetivo "nueva" hace referencia al cambio de contexto cultural y evoca la necesidad que tiene la Iglesia de recuperar energías, voluntad, frescura e ingenio en su modo de vivir la fe y de transmitirla".

¿Es este cambio de imagen un ejemplo de nueva evangelización? ¿Se trata simplemente de voluntad estética, carente de significado profundo? ¿Es banal que una iglesia decida adoptar una imagen moderna, actualizada? ¿Puede considerarse esto como un cambio que aleja a la iglesia de su misión?


Considero que la nueva imagen atrae, llama la atención por los colores y las múltiples variantes que permite adoptar. Además, los pequeños iconos que aparecen inscritos en el círculo se eligieron en función de la selección de las fotografías y dibujos que cientos de daneses enviaron y que reflejan su visión personal sobre lo que significa para ellos la Iglesia. Por ello, intuimos algo más en este aparentemente simple cambio de imagen.

Más allá de lo atractivo de la propuesta, me pregunto cuántas personas con inquietudes no encuentran su sitio en la Iglesia a causa de la imagen exterior que proyecta -a veces demasiado centrada en rituales-, y a cuántas podría atraer con el mismo mensaje y una imagen diferente. ¿Una? ¿Cien? ¿Un millón? Bienvenidas sean.

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