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lunes, 22 de abril de 2013

Experiencia del Encuentro de Meditación y Oración


Por Marta Ortega, militante de AJ. 12 de abril, ¡llegó el día! – me dije.

Maleta preparada, cojines ubicados a presión, mañana completita en la uni y ¡rumbo a Galapagar!

El viaje fue largo, pero llevadero; momentos de risa, bailes, cantos y la pregunta del premio final: ¿Cómo será lo que nos tiene preparado Elia Fleta? La verdad es que iba asustada, y sin comprender muy bien que íbamos a hacer allí, incluso no me veía yo en situación, pero sí que iba con ganas de enfrentarme y dispuesta a aprovechar el momento.

¡Y aprovechado fue! No podía imaginar que con unas palabras, lecturas y música, yo pudiese llegar a hacer silencio en mi misma, escucharme por dentro y escuchar a Dios, relajarme y dejar la mente libre de problemas y preocupaciones, dejando actuar al cuerpo orar como en ese momento necesitase.

La verdad es que fue una experiencia muy apropiada para la rutina que llevo. Creo que he aprendido algo nuevo y muy útil en estos dos días, ¡incluso hubiera estado otro día más!

Al regresar a Jaén me pregunté: ¿Seré yo capaz de seguir este ritmo de meditación sola?

Pues pasada una semana puedo decir que la respuesta a la pregunta anterior era: ¡SI! 

lunes, 10 de diciembre de 2012

Después de la Escuela de Pastoral

Por Mónica, militante AJ. Después de haber vivido una preciosa experiencia en la XI Escuela de Pastoral con Jóvenes, me parece elemental compartir algunas de las inquietudes surgidas a raíz de este encuentro. Parece que, precisamente, la palabra “encuentro” a veces se queda corta. En la ponencia del sábado por la mañana Ignacio Dinnbier nos recordaba la importancia de comprender que encontrarse no es simplemente coincidir, mantener el contacto, es algo más: “crear vínculos”. ¿Qué sucede cuando salimos de nuestros grupos, de nuestros movimientos e instituciones para mezclarnos, compartir, aprender de otros y otras? Estoy segura de que algo parecido a lo que vivimos el pasado fin de semana en la Escuela de Pastoral. Nos abrimos a la posibilidad de ver y de escuchar a otras personas cuya experiencia se convierte en  fuente de riqueza y alimento para llevar a cabo  la nuestra. Personalmente, me quedé con varias llamadas que recojo aquí:

1.   ¿En qué ensimismamientos o inercias vivo atrapada?
Probablemente todos y todas somos un poco especialistas en construir discursos, caretas que nos apartan de la realidad por un momento, que nos aíslan, que nos desconectan de lo que sentimos por dentro.  Pero la pregunta es ¿somos conscientes de que nos escondemos tras ellas, de que nos aprisionan y nos hieren? Una de estas, por ejemplo, podría ser la negativa, el no querer: “no estoy preparada”, “no me atrevo”, ¿“por qué yo”? Es triste darse cuenta de que cuando nos pasamos el tiempo reservándonos para algo mejor, grande, heroico… perdemos la capacidad de valorar lo cotidiano. Pero es bonito comprender, también, que lo maravilloso de la vida es que no se reduce a un “ensayo general”, palabras de M.D. Aleixandre, y de que lo grande que deseamos es tanto como lo pequeño que podemos poner en práctica aquí y ahora, estemos donde estemos.

2.   ¿Cuáles son los deseos que laten en el fondo de mí? ¿A qué experiencias no le estoy poniendo nombre?
Aunque aparentemente no nos demos cuenta, Dios está ahí, habitándonos, trabajando nuestro fondo. Dios está, pasa, pero como nos dijo J.L. Pérez Álvarez, si no estamos buscándole con el “corazón enamorado” no nos daremos cuenta. Quizás, cuando notemos que alguna ola se levanta en nuestro “estadio superior”, sería un buen ejercicio anotar aquello que late con fuerza en lo profundo. Esto es, buscar la corriente que la ha generado y ponerle nombre. Solo así conseguiremos hacerla emerger y dejarnos acompañar por esa extraña alegría que brota al acoger  la experiencia verdadera y que, aunque conduce por caminos desconocidos, llena de esperanza los pulmones y de alegría el corazón.  

3.   ¿Desde dónde vivo, actúo, me relaciono? ¿Cómo se nota esto en mis elecciones?
Es precioso descubrir ese “desde dónde”, nuestro fondo, y dejarnos transformar por lo que encontramos en él. Sin embargo, esto requiere un primer paso por nuestra parte: un acto de valentía, de desplazar nuestras verdades y clarividencias para encontrarnos con la duda, la incertidumbre, la limitación. Solo descendiendo esperanzadamente en nuestra propia oscuridad podremos iniciar la aventura de creer sin haber visto, y descubriremos, probablemente a tientas, el Amor. Con todo, intuiremos de pronto que éste no nos pertenece, y el sabernos habitados por él se convertirá en núcleo medular y motor de nuestro ser y de nuestras acciones. Así podremos dar confiada respuesta a la llamada a ser compañeros de camino, casa agradable y abierta, oídos atentos que no enjuician, fuentes de agua… sencillos y cotidianos instrumentos del Amor de Dios.

4.   ¿Dejo que la Palabra toque mi vida? Y, después, ¿camino siguiendo a Jesús con la suficiente pasión?
Todos y todas reconocemos en nuestra vida momentos mágicos de encuentro, en los que se nos ha regalado el “milagro de la comunicación profunda” (M.D. Aleixandre). Es imprevisible cómo y cuándo esto se da, simplemente sucede, incluso puede que no nos demos cuenta: Dios susurra y ruge, acaricia y golpea, atraviesa y ensambla.  Dios nos invita a caminar asombrados, como buscando un tesoro escondido, pero también descalzos y expuestos. Es en esta extraña dicotomía en la que Él nos toca y nos enamora con su Pasión por nosotros, por el mundo. ¿Pero cómo hacer perenne este proceso de enamoramiento, como convertirlo en una primavera perpetua que no se apague con el viento y el frío de tiempos peores? Quizá el reto de algunos de nosotros sea el de abrir las puertas para que el Amor y la Pasión se asienten para siempre, convirtiéndose en raíces capaces de generar abundancia incluso en la escasez. El fuego se apaga si no se aviva, igual que los brotes mueren si no se riegan y no se les permite ver la luz del sol. ¿Sabré dar prioridad a la Palabra? ¿Sabré consentir a la acción de Dios en lo profundo de mi ser? ¿Sabré arriesgarme a creer que soy querida sin merecerlo? De esta inquietud no tengo más que vagas intuiciones y preguntas… así que lo único que se me ocurre es pedir un poquito de luz.

Quisiera terminar con una imagen que con mucho entusiasmo nos transmitió  Álvaro Ginel en el taller de celebraciones y que, suerte la mía, pude “degustar” al día siguiente en la Eucaristía del domingo. “Esta Palabra toca mi vida y al tocar mi vida resulta que me surge ESTO. Comiéndome la palabra de Dios me ha salido esto. Hay que comerse la Palabra de Dios.” Mi recuerdo agradecido a todos y todas las que lo hicieron posible.

lunes, 9 de abril de 2012

Teología y feminismo: una espiritualidad sin patriarcado es posible

Por Sonia Herrera.

“No permitiré a una mujer enseñar o tener autoridad sobre un hombre, ella debe permanecer en silencio”.
1 Timoteo 2:12

Mi intención con este artículo no es realizar un análisis profundo sobre la investigación teológica feminista que se ha desarrollado en las últimas cuatro décadas, sino aportar algunos documentos interesantes para propiciar la reflexión al respecto reforzando la esperanza de que otra Iglesia menos patriarcal es posible.

Las obras de autores cristianos aún hoy muy laureados como San Agustín y San Juan Crisóstomo promovieron la imagen negativa de la mujer que actualmente mantiene la Iglesia Católica. Hasta la segunda mitad del siglo XX, fueron muy pocas las protagonistas femeninas de la historia del cristianismo: María, madre de Jesús, María Magdalena, Marta y María… Pero fueron más.

Hace unas semanas, en el I Congreso Internacional de Comunicación y Género que tuvo lugar en la Universidad de Sevilla, Amelia Sanchís, profesora de Derecho Eclesiástico del Estado de la Universidad de Córdoba, empezaba su intervención citando al escritor y dramaturgo japonés Yukio Mishima: “La habían educado de tal manera que no veía lo que no se debe ver”.

Eso es precisamente lo que a menudo sucede con nuestra manera de “leer” la sociedad en general y de “asumir” la Iglesia en particular: se naturaliza la invisibilidad de las mujeres y se justifica apelando a la tradición. Una tradición, por cierto, cargada de discriminaciones históricas, desigualdades e injusticias que en otros ámbitos nos resultan inaceptables y vergonzosas.

La lista de mujeres cristianas apartadas del discurso institucional es larga. Traeré aquí a algunas de ellas, para recordar el largo camino andado por muchas mujeres que a lo largo de la historia han denunciado el carácter machista existente tanto en la jerarquía eclesial, como en los preceptos y doctrinas que aparecen surgidos de los concilios y aparecidos en las propias Escrituras.

La activista abolicionista y sufragista, Elizabeth Cady Staton, en su obra The Woman's Bible afirmó que “la Biblia degrada a la mujer desde el Génesis hasta el Apocalipsis”.

Otro ejemplo lo encontramos en la figura de Sojourner Truth, de la que Antumi-Toasijé
escribió: “Tanto la faceta de resistencia a la esclavitud de Sojourner Truth, como sus ideas sobre la mujer han sorprendido a los estudiosos. Profundamente cristiana se aproxima a ambos problemas desde un discurso directo y sin concesiones. Su capacidad oratoria y su carisma incuestionable contribuyeron a la popularización del discurso de la mujer negra, un feminismo específico primordialmente abolicionista. Aunque sus actividades no se quedaban en el abolicionismo, el rescate de personas esclavizadas o el feminismo activo, abarcando otros aspectos nacidos de un humanitarismo cristiano vigoroso, como la oposición a la pena de muerte”.

Ya en el siglo XX cabe destacar la labor intelectual, reflexiva y crítica de otras mujeres como la teóloga Elisabeth Schüssler Fiorenza que trabajó incansablemente por una hermenéutica bíblica feminista detectando el patriarcado y promoviendo cambios en la Iglesia y en la sociedad, o Pilar Bellosillo, auditora del Concilio Vaticano II y presidenta de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (1961-1974) que trabajó hasta su muerte en 2003 por la igualdad entre mujeres y hombres dentro de la Iglesia Católica encabezando el diálogo oficial con protestantes, anglicanas y ortodoxas y favoreciendo el diálogo ecuménico en España mediante la creación del Foro de Estudios sobre la Mujer.

Por otra parte, investigaciones recientes llevadas a cabo por la catedrática de la Escuela de Teología de la Universidad de Harvard, Karen King, han reconocido el papel relevante de muchas mujeres en los primeros años del cristianismo. Según King el Evangelio de María Magdalena demuestra que ésta ejerció un liderazgo femenino fuerte y que gozaba de influencia por su posición destacada frente al resto de discípulos, sin embargo, la imagen oficial de María Magdalena que se ha promulgado es muy distinta:

“María de Magdala es conocida en la imaginería y tradición populares de Occidente como una prostituta arrepentida, como la adúltera a la que Jesús salvó de los hombres que intentaban lapidarla, y como la mujer pecadora cuyas lágrimas de arrepentimiento lavaron los pies de Jesús a modo de preparación para su enterramiento. Sin embargo, nada de esto es históricamente exacto. Nada hay en el Nuevo Testamento ni en la primitiva literatura cristiana que aporte un atisbo de prueba que apoye este retrato”.

La discriminación sexual en el seno de la Iglesia se manifiesta precisamente en esa demonización y ocultación del liderazgo de las mujeres que fue señalado como una herejía, en la apropiación patriarcal del discurso y en la difusión de una imagen errónea de aquellas que sí lucharon por un mundo cristiano más igualitario y justo, de aquellas cuya figura es cada vez más necesario reivindicar y revalorizar para construir también una Iglesia distinta.

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