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lunes, 3 de junio de 2013

Pienso luego insisto. El patriarcado es terrorismo y viceversa.

Por Manuel Buendía Bercedo en ¡Que tengas un BUENDÍA igualitario! Esta semana en Santander, un hombre asesinó de 37 años ha estrangulado a su ex mujer, delante del hijo de ambos de cuatro años de edad. Fue el primer caso de muerte por terrorismo machista en mi ciudad. Los otros dos casos anteriores en Cantabria fueron en 2007 en las localidades de Cabezón de la Sal y Puente Arce.

El comunicado de repulsa del caso podemos verlo completo en comunicado de repulsa.

Pienso luego insisto. Es la punta del iceberg. Las cifras oficiales reveladas el año pasado refieren que más de 700 cántabras viven violentadas y necesitan estar en contacto con la protección policial. Son muchas más en España y en el mundo, en todos los rincones del planeta. Los medios de comunicación se entretienen en esa línea roja, que separa el riesgo grave potencial y la muerte. Se pueden leer frases como: se desconoce el desencadenante del suceso, la hipótesis es una discusión en el momento que le entrega su hijo, (estaban separados y anteriormente tenía una condena y orden de alejamiento por agredir a su ex mujer), u otros comentarios como,  las razones para que tuviera el arrebato era..., tenía mal carácter, tomaba ansiolíticos…

Pienso luego insisto. De todo lo que podemos decir, resalto hoy, que los hombres no podemos permanecer callados pretendiendo no tener responsabilidad moral ante las víctimas. El silencio nos hace cómplice. Es el sistema patriarcal el que también hay que cambiar. Es el modelo de masculinidad concreto que cada hombre tenemos, sobre el que tenemos que reflexionar y controlar. Ese esquema o modelo actúa en el día a día, a veces en forma de una escalada violenta y en unos pocos casos llega a los casos extremos.

Pienso luego insisto. ¿Usted, hombre, cómo se va a comportar cuando se le tuerzan las cosas? Bajo qué consigna, marca, logo, organización, se va a escudar para mantener el orden de las cosas que tiene tan bien aprendido. Ese orden que entiende que hay que mantener como sea. Esa es la clave, procurar y perpetuar o no el modelo patriarcal. Hay que salirse de eso sin medias tintas, sin excusas.

Es el patriarcado, o como queramos llamarlo, no debemos distraernos buscando el término. Es el sistema machista normativo, lo normal, lo que se espera de ti por ser hombre, el caldo de cultivo para producir la tragedia en sus diferentes grados. Tiene todos los elementos de cualquier terrorismo, en formas de violencia real o simbólica.

Pienso luego insisto. Para los amantes del estereotipo patriarcal en sus grados menores, no cuela que puntualmente se rasguen las vestiduras cuando se sobrepasa esa línea roja. Hay un pacto de silencio, se marea el tema desde todos los puntos de vista, se rodea la cuestión, incluso hasta remarcar nítidamente la silueta. Se habla de mujeres y de toda la sociedad, pero es un tabú los valores, estereotipos, masculinidades que subyacen en cada conducta. Hace falta educación emocional. No pretendo culpabilizar a los hombres, al contrario. Yo voluntariamente renuncio. Son quienes lo omiten los que tienen miedo a reflexionar o piensan que es inevitable.

Por tanto la violencia de género en todos sus grados es terrorismo patriarcal. Pero este oxímoron es una redundancia (El coleccionista de oxímoron) En todo caso de terrorismo, en general, se da una estructura patriarcal más o menos completa con todos sus signos y síntomas.

El número 12 de la sección de La Soledad del macho alfa que ha salido publicado este mes en la revista de Hombres Igualitarios de ahige, es la tercera parte que trata los mal llamados lobos solitarios de las matanzas masivas, que no son más que soldados patriarcales escondidos en consignas, logos, marcas u organizaciones. Allí he relatado de una manera más prolija y argumentada algunas pistas necesarias para la comprensión. Otro objetivo de esta entrada es aprovechar  una vez más para invitar a leer. Es cierto que requiere invertir quizá un poco más de tiempo que una lectura superficial, y tal vez algo más de esfuerzo, pero si me concedes esos dos elementos creo que es muy fácil ver. (La soledad nº 12) Para que exista un cambio social tenemos previamente que cambiarnos. Aquí hay que comprender por qué he puesto aquí esta foto.

Esta semana ha ocurrido el último  caso de terrorismo en Londres. El patriarcado cuando las víctimas son las mujeres, por definición, tiende a invisibilizarlo, a taparlo, disculparlo, desviar la atención. Mientras que el patriarcado a su vez, cuando hay una pelea de machos alfa, en forma de una batalla viril, o una cruzada de unos contra otros, acaparan el discurso y lo hipervisibilizan. Trata a las mujeres y/ o niños como menores de edad, o como objetos. Siempre es así.

En esta ocasión unos jovenes amparados en el Islam político patriarcal dirigen su acción hacia otro hombre militar de otra confesión. Otra cruzada entre guerreros de Oriente y Occidente. El balance es que sirve para que la xenofobia o la islamofobia también patriarcales, de Europa, proliferen y produzcan nuevas revanchas, nuevos casos, etc. Parece inevitable que los partidos de extrema derecha como el Partido Nacional Británico o la Liga de Defensa Inglesa emponzoñen el ambiente. En las imágenes de vídeos sobre estos grupos o fotos de prensa solo se ven varones. Da igual que las comunidades musulmanas condenen la violencia e insistan en que esa atrocidad nada tiene que ver con su fe. Y ni que decir tiene lo que opinen las mujeres musulmanas. De la misma manera en el caso de Santander se ha repetido hasta la saciedad que era un matrimonio inmigrante. Las posibles conclusiones y desvíos de la situación son evidentes (...)

Volviendo al caso de Londres, el mismo autor lo ha dejado muy claro: “Lo siento por las mujeres que han tenido que ver esto, pero en nuestra tierra las mujeres tienen que ver lo mismo”. ¿Queremos algo más para darnos cuenta? Pongamos un ejemplo. Tenemos dos pirómanos que se queman mutuamente la casa y el jardín. Podemos decir lo mismo, los árboles de uno han tenido que fastidiarse, igual que los árboles del otro. Y los ladrillos de la casa de uno, se tienen que fastidiar igual que el inodoro de la casa del otro, que también fue destrozado por venganza. Los medios de comunicación grabarán cómo los árboles se queman, cómo las casas se destrozan, pero la entrevista se la hacen a los pirómanos, no hay protagonismo para la Naturaleza. El ejemplo, de una manera poética, nos anima a pensar que los árboles están hablando por medio del cambio climático, pero esa es otra historia.

Pienso luego insisto. En definitiva, tanto en el caso del terrorismo machista como en los otros múltiples terrorismos, las mujeres nunca estarán seguras si alteran el orden patriarcal. Y los varones que nos colocamos al margen del patriarcado tampoco. En ambos casos ocurre otros casos de halcones y palomas. La Soledad nº 6. Es un asunto de Derechos humanos. (De los humanos y de las humanas) Y además, hasta que los discursos, las políticas, el poder, y los sujetos que las generan, no sean hombres y mujeres por igual, no se reparta  paritariamente, (o como quieras decirlo), será siempre igual.

¿Podemos hacer algo más que rezar y pagar los platos rotos?

También podemos verlo por el lado positivo. La cultura de Paz es el único camino a largo plazo, el amor es la alternativa a la violencia, para hombres y para mujeres. Aunque en un principio actúa aparentemente desarmada.

¿Quién manda realmente? ¿Quién pone el dinero? ¿Quién se beneficia? Serán preguntas que nos tengamos que hacer. Habrá que pensar un poco, no solo sufrir las consecuencias. ¿Cual es el lado positivo? Ya conocemos el camino. Sí se puede, no se quiere.  Se arreglará cuando la mayoría quiera y cuando sea la mayoría la que pueda o tenga el poder.

lunes, 9 de abril de 2012

Teología y feminismo: una espiritualidad sin patriarcado es posible

Por Sonia Herrera.

“No permitiré a una mujer enseñar o tener autoridad sobre un hombre, ella debe permanecer en silencio”.
1 Timoteo 2:12

Mi intención con este artículo no es realizar un análisis profundo sobre la investigación teológica feminista que se ha desarrollado en las últimas cuatro décadas, sino aportar algunos documentos interesantes para propiciar la reflexión al respecto reforzando la esperanza de que otra Iglesia menos patriarcal es posible.

Las obras de autores cristianos aún hoy muy laureados como San Agustín y San Juan Crisóstomo promovieron la imagen negativa de la mujer que actualmente mantiene la Iglesia Católica. Hasta la segunda mitad del siglo XX, fueron muy pocas las protagonistas femeninas de la historia del cristianismo: María, madre de Jesús, María Magdalena, Marta y María… Pero fueron más.

Hace unas semanas, en el I Congreso Internacional de Comunicación y Género que tuvo lugar en la Universidad de Sevilla, Amelia Sanchís, profesora de Derecho Eclesiástico del Estado de la Universidad de Córdoba, empezaba su intervención citando al escritor y dramaturgo japonés Yukio Mishima: “La habían educado de tal manera que no veía lo que no se debe ver”.

Eso es precisamente lo que a menudo sucede con nuestra manera de “leer” la sociedad en general y de “asumir” la Iglesia en particular: se naturaliza la invisibilidad de las mujeres y se justifica apelando a la tradición. Una tradición, por cierto, cargada de discriminaciones históricas, desigualdades e injusticias que en otros ámbitos nos resultan inaceptables y vergonzosas.

La lista de mujeres cristianas apartadas del discurso institucional es larga. Traeré aquí a algunas de ellas, para recordar el largo camino andado por muchas mujeres que a lo largo de la historia han denunciado el carácter machista existente tanto en la jerarquía eclesial, como en los preceptos y doctrinas que aparecen surgidos de los concilios y aparecidos en las propias Escrituras.

La activista abolicionista y sufragista, Elizabeth Cady Staton, en su obra The Woman's Bible afirmó que “la Biblia degrada a la mujer desde el Génesis hasta el Apocalipsis”.

Otro ejemplo lo encontramos en la figura de Sojourner Truth, de la que Antumi-Toasijé
escribió: “Tanto la faceta de resistencia a la esclavitud de Sojourner Truth, como sus ideas sobre la mujer han sorprendido a los estudiosos. Profundamente cristiana se aproxima a ambos problemas desde un discurso directo y sin concesiones. Su capacidad oratoria y su carisma incuestionable contribuyeron a la popularización del discurso de la mujer negra, un feminismo específico primordialmente abolicionista. Aunque sus actividades no se quedaban en el abolicionismo, el rescate de personas esclavizadas o el feminismo activo, abarcando otros aspectos nacidos de un humanitarismo cristiano vigoroso, como la oposición a la pena de muerte”.

Ya en el siglo XX cabe destacar la labor intelectual, reflexiva y crítica de otras mujeres como la teóloga Elisabeth Schüssler Fiorenza que trabajó incansablemente por una hermenéutica bíblica feminista detectando el patriarcado y promoviendo cambios en la Iglesia y en la sociedad, o Pilar Bellosillo, auditora del Concilio Vaticano II y presidenta de la Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (1961-1974) que trabajó hasta su muerte en 2003 por la igualdad entre mujeres y hombres dentro de la Iglesia Católica encabezando el diálogo oficial con protestantes, anglicanas y ortodoxas y favoreciendo el diálogo ecuménico en España mediante la creación del Foro de Estudios sobre la Mujer.

Por otra parte, investigaciones recientes llevadas a cabo por la catedrática de la Escuela de Teología de la Universidad de Harvard, Karen King, han reconocido el papel relevante de muchas mujeres en los primeros años del cristianismo. Según King el Evangelio de María Magdalena demuestra que ésta ejerció un liderazgo femenino fuerte y que gozaba de influencia por su posición destacada frente al resto de discípulos, sin embargo, la imagen oficial de María Magdalena que se ha promulgado es muy distinta:

“María de Magdala es conocida en la imaginería y tradición populares de Occidente como una prostituta arrepentida, como la adúltera a la que Jesús salvó de los hombres que intentaban lapidarla, y como la mujer pecadora cuyas lágrimas de arrepentimiento lavaron los pies de Jesús a modo de preparación para su enterramiento. Sin embargo, nada de esto es históricamente exacto. Nada hay en el Nuevo Testamento ni en la primitiva literatura cristiana que aporte un atisbo de prueba que apoye este retrato”.

La discriminación sexual en el seno de la Iglesia se manifiesta precisamente en esa demonización y ocultación del liderazgo de las mujeres que fue señalado como una herejía, en la apropiación patriarcal del discurso y en la difusión de una imagen errónea de aquellas que sí lucharon por un mundo cristiano más igualitario y justo, de aquellas cuya figura es cada vez más necesario reivindicar y revalorizar para construir también una Iglesia distinta.

Enlaces interesantes:

martes, 21 de febrero de 2012

“Estamos en una sociedad patriarcal que nos está usurpando nuestros puestos”.


Por Charo Mármol para Alandar. Hay una primera impresión cuando conoces a una persona y es a través de su rostro. Un rostro que, a veces, en las personas mayores, puede aparecer duro, surcado por las heridas que el dolor y el sufrimiento han ido dejando a través de los años. Por el contrario hay otras personas que transmiten paz, serenidad. Rostros que hablan de una vida plena, de años de coherencia, de felicidad, de plenitud… Y este es el rostro de Regina Goberna, monja benedictina de 77 años.

Mi encuentro con ella fue en Salamanca en agosto pasado. Se celebraba el XIV Congreso Internacional de la Asociación Europea de Mujeres Para la Investigación. El tema del congreso era La teología feminista: escuchar, comprender y responder en un mundo secular y plural. Y me sorprendió en este ámbito y con este tema encontrarme con “una monja de clausura o contemplativa”, término este que ya se encargó de corregirme cuando conversamos. “De clausura nos molesta enormemente que nos llamen. No nos gusta porque contemplativa es la que sólo contempla y nosotras ora et labora. Somos monjas porque monja es aquella que está dentro de un monasterio”. Pues esta monja entró a los 20 en el convento. Su familia tuvo una cierta resistencia, pero les dijeron que tranquilos, que antes de un año estaría en casa, “porque soy muy movida, muy charlatana” añade... Y ya lleva 57 años de vida conventual.

Tiempos de cambios

Durante estos años ha habido muchos cambios, aunque ella asegura que “En el fondo para mí no hay cambios, cuando te coges al Evangelio, al absoluto y a las raíces, las cosas no cambian tanto, cambian las formulaciones, pero tú eres feliz con todo; externamente ha habido cambios y yo los celebro”. El convento tenía rejas, pero en cuanto pudieron las quitaron. Cuando comenzó eran 80 monjas, hoy son 37. Además, hoy Internet ha entrado en el convento y el convento tiene una preciosa web, www.benedictinescat.com, de la que ella es la principal autora.

Un día escuchó a un monje de Montserrat decir: “San Benito no inventó la imprenta pero los benedictinos a través de la imprenta evangelizaron Europa. Ahora los benedictinos no hemos inventado Internet pero a través de Internet podemos evangelizar.” Y ella se dijo “Esto es lo mío” y empezó a pensar en la web. Me cuenta que no sabía escribir a máquina porque ella es artista y lo suyo es lo manual. Es una de las creadoras de la artesanía que venden en el convento y que se puede ver en su web. “Yo trabajo en cerámica, soy la que lleva los diseños. La abadesa y yo hicimos el estilo y ahora ya rueda sólo. Cada una tiene algo de margen hacia la izquierda, hacia la derecha. Yo soy más abstracta. Cuando tengo que crear disfruto creando y cuando tengo que hacer una cosa monótona digo ‘Ay, Señor, hoy estaremos tú y yo aquí, porque no me pide mucha atención’, pero normalmente hago creación, porque tenemos muchos encargos”.

Comparte la artesanía con la oración: “Rezo cinco horas diarias, pero no es aquello de decir oraciones y salmos y dale que te pego. Es ir conociendo los salmos uno a uno, la Eucaristía que cada día es nueva, porque el Evangelio siempre es nuevo”.

Y desde 1997 la abadesa le dio la oportunidad de introducir el ordenador en su vida. Al principio no pensó en entrar en Internet, sino en utilizarlo para escribir, porque también escribe libros, pero la abadesa le dijo que, utilizase Internet o no, pagarían lo mismo porque tenían tarifa plana y entonces comenzó a pensar en la web.

Tenía 66 años cuando le regalaron un ordenador viejo. Pidió ayuda a las más jóvenes, incluido al chico que hace de cartero, que fue quién la ayudó en el primer diseño de la web, porque ella no tenía idea de cómo funcionaba el tema. Me asombro de que pueda hacer una web tan bien hecha una persona con una cierta edad y ella me dice: “Para Internet no hay edades ni fronteras… ¿Sabes de qué depende? De la ilusión. Cuando quieres una cosa todo te es fácil”.

Como a Teresa de Lisieux, el convento no le sirve para huir del mundo sino que se siente misionera del mundo. “Escogí ser monja para el mundo, yo no escogí santificarme yo sino pensando que quería ser misionera y me dije ‘las misiones es convertirte tú, irte convirtiendo y a medida que tú te conviertas colaborar con los demás, compartir, pero no de palabra ni de libros, sino compartir la vida’. Me pidieron que escribiera libros y los he escrito. Cuando rezas el mundo se te mete dentro. Hace muchos años que lo que pasaba fuera del monasterio lo empecé a recoger por países, primero pobres y después ricos, porque me dije ¿por qué tengo que excluir a los ricos? Tengo montañas de carpetas que las tirarán cuando yo me haya muerto porque no sirven para nada, pero a mí me han servido para ver las caras de las personas que son mis hermanos: ¿qué pasa en Ruanda? Estos días estoy con mucha pena porque no sé qué ha pasado con Libia. Somalia me interesa mucho, pero no ahora sino desde hace años. Y Sudán lo llevo en el corazón hace tantos años. Lo que pasa me afecta. Es algo propio. Ahora por las tardes hago la web y a través de Internet me llega todo lo que pasa en el mundo”.

La mujer en la Iglesia

Y no podemos olvidar que estamos en un congreso de teología feminista. Le pregunto por lo que opina de la mujer en la Iglesia. “Estamos en una sociedad patriarcal que nos está usurpando nuestros puestos. No somos sacerdotes ni ocupamos cargos cuando las mujeres somos multitud. Basil Hume, monje benedictino y cardenal inglés que murió en 1999, dijo ‘Si sacerdotes y obispos no, al menos démosles (a las mujeres) cargos en la curia’. Si no nos los dan nos los tenemos que tomar, pero sin violencia. Rovira Belloso dice sobre las guerras y los cambios dictatoriales que los cambios que permanecen son los que vienen desde abajo. Yo en esto veo trazas de cambio. Que cambiemos los de abajo es fundamental.”

Hablamos sobre el convento, sobre cómo se desarrolla el día, las nuevas vocaciones, la gente más joven y la pregunto sobre el futuro. “Me parece que seremos muchos menos pero seremos auténticos. Para mí es muy importante ser auténtico, ir al Evangelio…”

Y acabamos la conversación con una pregunta cuya respuesta casi ya sabía: ¿Te arrepientes del paso que diste hace 57 años? Sonríe y contesta: “Ni pensarlo. Al contrario, pienso en la suerte que he tenido. Hoy quizá soy más consciente que cuando entré. Cuando profesé no me di cuenta. He ido hacia la felicidad pero en aumento. Dios me la da. Lo siento. Es mi responsabilidad. Me obliga a ser feliz.”

lunes, 30 de enero de 2012

Invisibles y omnipresentes


Por Mari Paz López Santos para Eclesalia. En principio los dos adjetivos que encabezan este escrito podrían considerarse opuestos, por lo menos para la masa de la que estamos hechos los humanos: si estás, te ven. Y, sin embargo, no se trata tanto de leyes físicas sino, más bien, de cómo percibimos al otro, ya sea persona individual o grupo humano. Se dan casos claros de presencia real e invisibilidad al mismo tiempo.

He empezado de forma misteriosa pero aclaro enseguida la cuestión a la que quiero referirme: es el caso de la invisibilidad de las mujeres en la Iglesia y la omnipresencia de esas mismas mujeres en la iglesia. No hay que pasar por alto el discreto matiz de la misma letra en mayúscula y en minúscula. Tiene su importancia.

Me doy cuenta de que la mujer siempre se ha acercado al misterio de Dios con una facilidad mayor que el hombre. El hecho de que el acercamiento no degenere en la obtención del poder crea una forma de estar donde la fidelidad es la característica principal.

Podemos ver a mujeres en pequeños pueblos cuidando, limpiando, poniendo flores, preparando manteles para los altares, guiando el rezo del rosario, atendiendo trabajos administrativos, custodiando la llave de la iglesia, etc. Estas mujeres ni se plantean que las cosas puedan ser de otra manera, que pudiera haber mujeres presentes en otro tipo de servicios de otro orden dentro de la Iglesia.

Si nos adentramos en el terreno del mundo de las órdenes religiosas el número de monjas y religiosas es muy superior al de sus homólogos masculinos, pero en la mayoría de los casos viven más “ocultas”.
Y si hablamos de los laicos, o mejor dicho, de las laicas: catequistas, voluntarias en todo tipo de actividades de la Iglesia, atención a la formación de las diferentes pastorales de bautismo, confirmación, preparación para el matrimonio; visitas a hospitales, ayuda a la infancia... No habría renglones suficientes en este artículo para enumerar en todos los ámbitos donde se mueven, ni para contabilizar el número total.

Del sacerdocio, nada nuevo que decir. Son los que son y parece que así va a seguir el tema.

El día de la llegada del Papa Benedicto XVI para encontrarse con los jóvenes en la JMJ en Madrid, viendo en televisión la celebración de la Plaza de Cibeles, reparé en un sencillo hecho: una multitud de chicas y chicos juntos en lo mismo, sin diferencias; pero cuando la cámara enfocó el escenario donde el Papa se dirigió a los jóvenes, reparé en el contraste: sólo había hombres.

No hace mucho, un buen amigo, por ciento, religioso, hablando del tema de las mujeres en la Iglesia me dijo con mucha contundencia: “No entiendo, según están las cosas, que todavía haya mujeres en la Iglesia”.

Creo que la invisibilidad nos da alas, y la creatividad, omnipresencia. Lo que no quiere decir que no hayamos de seguir trabajando y avanzando para que la situación cambie.

Ahora recuerdo que bien visibles “junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena (…) y cerca, al discípulo que tanto quería Jesús”. Como siempre en mayor número pero esta vez bien visibles.

No lo digo yo, lo dice el propio discípulo: Juan 19,25-26. 

lunes, 16 de enero de 2012

Paz por testosterona. A propósito del IV Encuentro de Oración por la Paz

Por Pepe Laguna para Eclesalia. Los medios de comunicación generalistas no se hicieron eco del acontecimiento: el pasado 27 de Octubre Benedicto XVI convocaba en Asís el IV Encuentro interreligioso de Oración por la Paz. En la pequeña localidad italiana se dieron cita los líderes de las principales religiones mundiales, para orar y reafirmar el compromiso por la paz de todos los credos religiosos.

Sobre el inmenso palco montado delante de la iglesia de la Porciúncula pudimos ver sentados al Papa; a su derecha Su Santidad Bartolomé I, patriarca ecuménico de Constantinopla, y su Gracia Rowan Williams, primado de la Comunión Anglicana; y a su izquierda al rabino David Rosen y al profesor Wande Abimbola, portavoz de las religiones tradicionales africanas ifu y yoruba. También estuvieron presentes el obispo Munib Younan, de la Federación Luterana Mundial; el líder shijk Tarunjit Singh Butalia; el representante del Patriarcado de Moscú, metropolita Aleksandr; el mulá Mohammed Zubair Abid; el metropolita Mar Gregorios, de los siro-ortodoxos de Antioquía; el taoísta Wai Hop Tong; el budista venerable Phra Phommolee; Tsunekiyo Tanaka por los sintoístas japoneses; la señora Betty Ehrenberg, del Comité Internacional Judío; el reverendo Setrui Nyomi de la Comunión Mundial de las Iglesias Reformadas; y el profesor mexicano Guillermo Hurtado en nombre de los no creyentes.

Ante las fotos del encuentro todas ellas plagadas de pobladas barbas y cabezas alopécicas, uno no puede dejar de preguntarse por qué la Divinidad, en cualquiera de las declinaciones institucionales allí presentes, “elige” sólo varones para representarla. Dejo al lector y lectora elaborar su propia respuesta.

Hans Küng afirma que “no habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones, y no habrá paz entre las religiones sin diálogo entre ellas”, a lo que yo añado: “no habrá paz hasta que las mujeres lideren las religiones y el mundo en igualdad de oportunidades que los hombres”. Ya conocemos la violencia que es capaz de generar la testosterona masculina, dejemos paso a la progesterona.

Los cristianos y cristianas sabemos que la paz vendrá de la mano de las mujeres, así nos lo anunció el ángel Gabriel y lo corroboró María de Nazaret en su Magníficat; así nos lo dijeron María Magdalena, Juana, María la de Santiago, primeras testigo de la resurrección.

El día en que la foto de un futuro encuentro de Asís muestre el rostro femenino de papisas, patriarcas, primadas, rabinas, lideresas…, habrá comenzado verdaderamente la era de la paz. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

lunes, 7 de noviembre de 2011

Mujeres e Iglesia: crítica y liberación

Por Sonia Herrera. Aunque las mujeres son mayoría dentro de la Iglesia católica, la estructura patriarcal de la misma las ha silenciado durante siglos y las ha sometido a un techo de cristal férreo basado, según la jerarquía eclesial, en la “divina providencia” dando lugar a lo que Sonia Villegas denomina “el sexo olvidado” de la Iglesia.
Quizás actualmente la cara más visible y mediática de la teología feminista dentro del catolicismo es Teresa Forcades, monja benedictina del monasterio de Sant Benet de Montserrat y doctora en Teología y en Salud Pública por la Universidad de Barcelona cuyas opiniones sobre la interrupción voluntaria del embarazo y sobre la sexualidad siguen causando la controversia de los conservadores y el rechazo del Vaticano.
Forcades empezó a adquirir notoriedad en el año 2009 cuando fue entrevistadas por varios medios de comunicación en los que manifestó que “la decisión de abortar es indisociable de la autodeterminación de la madre” y que “la sexualidad es fundamental no sólo para reproducirse sino también para correlacionarse y también para aprender el deseo de Dios”.
Pero no solo ella defiende una nueva teología alejada del androcentrismo y el machismo. En todo el mundo, varios movimientos de mujeres aglutinados bajo el nombre de Católicas por el Derecho a Decidir trabajan y luchan por otra Iglesia, más en consonancia con los deseos de Jesús y menos ligada a los intereses de la cúpula eclesiástica; una Iglesia que respete la diversidad, que no juzgue ni castigue, sino que acompañe y camine al mismo ritmo que la sociedad, teniendo en cuenta y respetando los derechos de las mujeres y las decisiones de éstas sobre su propio cuerpo.
Ya el siglo XVII, Sor Juana Inés de la Cruz se posicionó a través de sus versos y su prosa contra la Trinidad ortodoxa masculina y contra el machismo propio de la época:
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.

Más tarde, en el siglo XIX, Concepción Arenal, desde el catolicismo social, impulsó el feminismo y los derechos de la mujer en España y nos dejó para siempre una frase que hoy por hoy sigue siendo sistemáticamente incumplida total o parcialmente: “La sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano”.

Incluso Jesús se mostró siempre próximo a las mujeres y a sus necesidades durante toda su vida pública, rompiendo con muchos arquetipos y tabúes de su época. Así lo expresa la antropóloga mexicana María Consuelo Mejía Piñeiros, directora de Católicas por el Derecho a Decidir desde el año 1994: “[Jesús] se acercó a la hemorroísa, la mujer que sufría de flujos de sangre desde hacía doce años y la curó. En aquel entonces la menstruación era un signo total de impureza. (…) Se acercó también a las prostitutas. (…) Feminismo y catolicismo obviamente son una mezcla explosiva porque desde el feminismo estamos cuestionando muchas cosas que se están planteando como si fueran las únicas posibles en la Iglesia Católica, cuando no se trata de doctrina”.
Excluidas durante cientos de años de las disposiciones de la Iglesia, siempre ha habido mujeres que desde el interior de la misma han luchado por el cambio social y han dado pasos importantes para la consecución de la igualdad entre mujeres y hombres también en lo concerniente a la fe y a la religiosidad. Por ello (y por ellas) considero necesario, o más bien, imprescindible, que la Iglesia cambie sus dogmas sobre la mujer y sobre los derechos sexuales y reproductivos de las mismas y dé voz y voto a las que siempre fueron excomulgadas, acusadas de herejía o brujería o simplemente rechazadas por reclamar lo que históricamente les corresponde.