miércoles, 15 de mayo de 2013

Encuentro Burgos-León


Por Acit Joven Burgos. El pasado 1-2 de marzo celebramos en Burgos un encuentro Burgos-León de Acit Joven. Fueron dos días en los que participamos 36 jóvenes y 15 animadores llenos de energía, compromiso e ilusión por conocer y compartir, en los que disfrutamos de buenos momentos.
El lema del encuentro fue “DESDE TI” y estuvo centrado en dinámicas y juegos de grupo, mezclándonos por edades y procedencia, para favorecer que todos nos conociéramos. En ellos, se trabajó el conocimiento personal, descubrimos los talentos que Jesús nos ha regalado a cada uno y nos pusimos en el lugar de otras personas, buscando soluciones a sus problemas. Al igual que hacemos en Acit Joven, trabajamos la dimensión personal, social y cristiana de los jóvenes.
Una parte importante fue el concurso: "Esa cara AJ me suena". Nos disfrazamos, bailamos y reímos interpretando canciones actuales y de nuestra infancia. 
Como despedida, nos regalaron una tarjeta de recuerdo del encuentro, que nos dedicamos unos a otros, acompañados, en unos casos de alegría por nuevas amistades y en otros de tristeza y llanto por el regreso a casa de amigos.
Muchos ya se conocían y sabían que iba a ser un momento especial. Otros estábamos nerviosos, no conocíamos a toda la gente, creíamos que íbamos a estar solos… Pero cuando llegó el momento de decir adiós, nos dimos cuenta de que aún habiéndonos conocido más tarde, sentíamos lo mismo, un momento inolvidable, en el todos éramos especiales y nunca olvidaremos y seguro que repetiremos, ya que como decía Pedro Poveda “los jóvenes, podéis conquistar el mundo…
Acit Joven Burgos
Colegio Santa María la Nueva y San José Artesano






jueves, 9 de mayo de 2013

Bendice a los suyos


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de los alto”. Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacía el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.”
Por Redacción AJ. El texto evangélico del último domingo de Pascua corresponde al final del Evangelio de Lucas y tiene sabor a despedida, a separación, a final de una etapa.

En él se distinguen claramente tres ideas:
  • La primera recoge de boca de Jesús lo que formara parte del “kerigma”, es decir, aquello que los primeros discípulos fueron entendiendo que era lo esencial del mensaje cristiano. Lo que había que transmitir a las generaciones futuras, el núcleo de la fe. 
  • La segunda idea es la promesa del envío del Espíritu, el protagonista de esta nueva etapa de la comunidad creyente, que revestirá a los seguidores de Jesús de la fuerza necesaria para testimoniar que el encuentro con el Resucitado les cambió la vida. 
  • Y la tercera idea es la despedida de Jesús, su separación y subida al cielo. En esta ultima centraremos nuestra  atención.
Tres situaciones que se entrecruzan en el tiempo y están muy unidas. Nunca insistiremos bastante en señalar lo que supuso para los discípulos la muerte de Jesús, el “shock” que les produjo, la situación de desconcierto, escepticismo y temor que vivieron, así como la increíble sorpresa de la resurrección. Desde aquí se comprende que los discípulos necesitasen tiempo, simbólicamente cincuenta días, para darse cuenta de que entraban en una etapa nueva, sin Jesús físicamente a su lado. Un tiempo para aprender a reconocerlo en la presencia de su Espíritu. En este tiempo “de paso” jugaron un papel decisivo las apariciones de Jesús a los suyos mostrándose vivo, preparando la acogida del Espíritu y enviándolos a la misión. La suya en la tierra había terminado. Su papel ahora es otro y su lugar está en otro sitio, “arriba” en el seno del Padre. Este momento es el que presenta el evangelio del séptimo domingo de pascua.

La Ascensión del Señor en el relato de Lucas ocurre yendo de camino, Jesús mismo los conduce hacía Betania. El lugar nos recuerda la casa de los amigos, Lázaro, María y Marta, queriendo, tal vez, significar la necesidad de los amigos en situaciones de separación y de despedida. 

Curiosamente el texto no recoge ninguna palabra de Jesús en el momento de su despedida. Ya lo ha dicho todo con su vida. Sin embargo se destacan dos gestos: Levanta las manos y bendice a los suyos. Los discípulos tampoco dicen nada, sencillamente se postran. Y el Evangelio señala que se volvieron a Jerusalén con gran alegría. 

Son gestos que expresan el clima sereno y de acogida en que se produce la despedida, bien distinta de la del jueves santo. Y llama la atención que por tres veces se utilice el término “Bendición”. Bendecir (del latín bene dire) significa “decir bien” de alguien. Decir cosas buenas, desear cosas buenas a los otros...

Haciendo un ejercicio de imaginación contemplativa resulta fácil “escuchar” el eco de lo que Jesús diría a sus discípulos al bendecirlos. Lo que cada uno de ellos oiría en su interior.
No os dejo solos
No temáis
Recibid la fuerza del Espíritu
Permaneced unidos en mi amor
Id por todo el mundo y anunciad lo que habéis visto
Sed mis testigos
Perdonad siempre
Esto que Jesús decía a los primeros cuando caminaba por Palestina continúa diciéndolo hoy, por la acción de su Espíritu, a la Iglesia y a cada uno de nosotros. Esto les produce una enorme alegría y les hace crecer en la conciencia del encargo: ser los continuadores de su Proyecto, los seguidores del camino, los que recibirán la fuerza para colaborar en la misión de Jesús. 

Al terminar el tiempo de Pascua, podemos agradecer lo vivido y preguntarnos a nivel personal, en nuestros grupos y comunidades:
  • ¿Qué palabra de Jesús he escuchado con más intensidad en este tiempo?
  • ¿Siento alegría al recibir el encargo de estar en el mundo siendo  testigos del Amor de Jesús?
  • ¿Qué necesito cuidar, fortalecer… para vivir comprometidamente esta misión que Jesús nos deja al subir al cielo?

lunes, 6 de mayo de 2013

Yo sólo soy un instrumento

Por un joven AJ. 

He hecho muchas cosas con mis manos, pero nunca le había salvado la vida a nadie. 

Atención: no hay vano orgullo ni soberbia en esta frase, sólo la absoluta certidumbre de que si yo no hubiera estado en un lugar preciso en un momento determinado, dos personas ya no seguirían con vida. Cuando, horas más tarde, tumbado en mi cama (y con algunos rasguños en los codos y las rodillas), empecé a ser consciente de lo que había ocurrido, sentí cómo todo en mi vida perdía el sentido y volvía a adquirirlo con más fuerza que antes, un sentido renovado y alimentado por aquella experiencia.

Veréis, yo me considero (¿consideraba?) una persona miedosa, cuando no cobarde; falto de agilidad física y, en ocasiones, mental (me han dicho muchas veces que cuando alguien me habla se pueden ver el resto de mis ideas dando vueltas por mi cabeza). Siempre me ha costado asumir roles de liderazgo, y siempre he creído que si fuera un pecado capital, sería la pereza. Así las cosas, no parecía la persona indicada para llevar a cabo (¡con éxito!) un rescate a dos personas en plena montaña.

Pues bien, no os podéis imaginar lo increíble que es constatar que Dios siempre está a tu lado y es capaz de transformarte en un segundo. Con el paso de los días, me reconozco en aquel momento como un verdadero instrumento de Dios. A las felicitaciones y palmadas en la espalda, a las gracias de las dos chicas que no paraban de repetir "nos has salvado la vida", a mí mismo... A todo eso paraba de repetir: No he sido yo. No he sido yo. Ha sido Dios a través de mí. A pesar de los nervios, los temblores, del shock… Sabía muy bien que Él había obrado a través de mí. Y la paz y la tranquilidad que esa certeza me ha aportado desde entonces han hecho que empiece a preocuparme menos por mi futuro, sabiendo que estoy en sus manos.

Muy poca gente conoce lo ocurrido aquel día: sólo aquellos compañeros que estaban presentes y que lo han contado al resto de los empleados de la empresa, y dos personas con quienes comparto muchas cosas en mi vida. Pensaba en las palabras “Ojalá seáis vosotros de los que hagáis mucho y habléis poco”… Pero una de estas dos personas me hizo ver que las personas que son instrumento de Dios lo son por sus actos y porque son capaces de transmitirlo.  Por eso estáis leyendo estas palabras.

Dios ha hecho muchas cosas con mis manos, pero nunca le había salvado la vida a nadie.

sábado, 4 de mayo de 2013

Paradoja del amor


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: "Me voy y vuelvo a vuestro lado." Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.» (Jn 14, 23-29)

Por Redacción AJ. Seguimos oyendo las palabras de despedida de Jesús en esa larga sobremesa que nos relata el evangelio de Juan, después de la última cena.

En estos párrafos, Jesús habla de nuevo de guardar su palabra, de mantenernos en su amor, de no tener miedo, de no sentirnos solos.

Parecería que el evangelista nos hablara realmente a las comunidades cristianas de nuestro país, en este año concreto, en este día, en este momento de nuestras vidas. Amar. Guardar. Permanecer. Recordar. No temer. Seguir creyendo.

Son palabras del maestro que se va a los amigos que se quedan, de pronto, solos. Y el discurso de Jesús anima a seguir como si él estuviera. Más aún, repite que el Espíritu nos enseñará todo y nos hará recordar. A aquellos que se sienten discípulos, el amor por su maestro les devolverá su presencia colmada, sus corazones serán habitación  de Dios. “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Da la impresión de que, sin la presencia física de Jesús, nos podremos sentir más inundados de Dios, porque de hecho, el regresa de otra manera y vive en nuestros corazones.

Paradoja del amor, siempre misterioso.

Él no puede dejarnos porque se negaría a sí mismo. Negaría su propia condición por la que no puede dejar de amar lo que ha creado.

¿Y nosotros? ¿Nos fiaremos? ¿Nos abandonaremos? ¿Acogeremos su paz? ¿Dejaremos de guiarnos por el miedo?