lunes, 11 de febrero de 2013

Empieza en ti


Por Diana Bonilla, Santander. Hablan de crisis. De una crisis que va más allá de la economía, algo más profundo y, aunque muchos no lo vean, más alarmante. Nos encontramos ante una crisis de valores enorme.

Nos hemos acostumbrado a ver por la televisión imágenes de las pocas guerras que nos quieren mostrar (porque hay muchas en el silencio), noticias de maltratos, de corrupción, de pobreza, de injusticias, de terrorismo... Ese es el problema, que nos hemos acostumbrado. Nos hemos vuelvo impasibles, insensibles.

Hay a quienes sí se nos remueve algo en la cabeza al observar la información sesgada que nos llega de los medios de comunicación y lo que vemos (cada vez más y cada vez más cerca) a nuestro alrededor. Pero ¿qué podemos hacer?  La sociedad es injusta, no es nuestra culpa. La sociedad es hipócrita, no es nuestra culpa. La sociedad favorece a unos pocos y priva de los derechos más básicos a otros muchos. Pero no es nuestra culpa, no.

¿Alguna vez te has preguntado qué es la sociedad? Mucho me temo (y esto no es fácil de admitir, te advierto) que tú lo eres. Yo también. Todos juntos formamos la sociedad, pero es curioso cómo hablamos de ella en tercera persona, como si no tuviera nada que ver con nosotros.

Por ello, para cambiar esta sociedad (que creo que estamos de acuerdo en que al menos hay algunos aspectos de ella que no nos gustan mucho) tenemos que empezar por cambiar nosotros mismos. Supongo que ya lo habrás oído más de una vez. Pero las cosas, de tanto oírlas, se convierten en tópicos vacíos.

Me gustaría que todos llenáramos ese tópico de verdadera voluntad y acción de cambio. Si comenzamos por cambiar nuestra mente y nuestra manera de actuar, iremos transformando la sociedad. Porque esa es la parte buena de formar parte de ella, también puedes cambiarla.

¿Qué te parece?



jueves, 7 de febrero de 2013

Ser lo que somos

Por Redacción AJ. Nos encontramos ante un texto clave del evangelista Lucas en el que nos narra la vocación cristiana, simbólicamente centrada en la vocación de los primeros discípulos de Jesús: dos parejas de hermanos Simón y Andrés; Santiago y Juan.

Otros evangelistas lo narran de diversas maneras (Jn 1,35-51; Mt 1, 16-22; Mc 1, 16-20). Cada uno de ellos sitúa el marco en diferente contexto, lo cual expresa que más que estar interesados en los datos históricos les importa el significado teológico de la narración. 

Este texto de Lucas está lleno de simbolismo, y contiene las características de los relatos de vocación:
  • la iniciativa no parte de los sujetos sino de Dios en el Antiguo Testamento, de Jesús en el Nuevo y esa iniciativa acontece en medio de la cotidianidad de la vida;
  • el sentimiento de admiración, sorpresa, indignidad que aquí pone  el evangelista en boca de Pedro; la llamada no depende de los méritos sino de la gratuidad, es siempre pura gracia;
  • el anuncio de una vocación-misión: "ser pescador de hombres”, una expresión simbólica que habla de la vocación fundante de todas las personas seguidoras de Jesús; 
  • una llamada a “remar mar adentro” a pasar de nuestro yo superficial a nuestro yo profundo, a la hondura de nuestra verdad; 
  • la consciencia de la radicalidad de nuestra vocación cristiana: “dejándolo todo le siguieron”.
Vamos a desarrollar algunos de estos elementos para, una vez más, volver a escuchar que esa llamada nos concierne a todas las personas que queremos seguir a Jesús.
La iniciativa de Jesús les sorprende en medio de sus tareas cotidianas
Los discípulos se encuentran en sus barcas, vienen desanimados porque no han pescado nada en toda la noche y al llegar a la orilla se encuentran con la sorpresa de que Jesús que está allí, rodeado de gente, les sale al paso, necesitándolos: “vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de ellas… Se sentó y desde la barca se puso a enseñar a las multitudes.”

A veces esperamos que la presencia-llamada acontezca en situaciones especiales y se nos puede pasar inadvertida esa presencia en medio de la cotidianidad, de las tareas ordinarias de nuestra vida.

Apoyado en tu palabra echaré la red
La propuesta de volver a pescar, cuando no han cogido nada en toda la noche, es otro gesto simbólico de la gratuidad de la “pesca”. Lo más importante de nuestras vidas es don, regalo. Siempre tenemos el peligro de apropiarnos del bien que podamos hacer a otras personas, y el texto deja claro que el fruto desborda nuestras capacidades y esfuerzos, “en tu nombre” es decir desde la confianza en su  palabra, desde sus valores, su manera de actuar y vivir… nuestras vidas serán fecundas, con una fecundidad desbordante.

Rema mar adentro
En griego “vados” y en latín “altum” expresan profundidad y ponen de relieve el simbolismo de la frase. Sólo descendiendo a lo más profundo de nuestro ser podemos sacar lo mejor de nosotros mismos. Todo lo que con ansiedad  buscamos para saciar nuestra sed está dentro de nosotros, en lo más profundo de nuestro ser.  En lenguaje poético de San Juan de la Cruz “los ojos deseados que están en mis entrañas dibujados”.

Pero descender a lo profundo del ser, a lo profundo de la vida, no es fácil, en ese camino hay que decir adiós a las seguridades de nuestro yo superficial conocido y domesticado para adentrarnos sin saber muy bien a dónde acabará llevándonos esa aventura.

Hoy como ayer sigue resonando esa llamada: Rema mar adentro, no te quedes en la superficie, en lo efímero, en lo aparente, eficaz… sigue bajando y en el fondo de la vida, de la realidad, en el fondo de cada persona  podemos encontrar esa perla preciosa por la que puede merecer la pena venderlo todo para dejarnos alcanzar por ella.

Apártate de mí que soy pecador
Un gesto de Pedro que le honra, en contraposición a su creerse mejor que todos, “Aunque todos te abandonen yo no”, la consciencia del propio pecado, de la enorme distancia que hay entre lo que deseamos vivir y lo que de hecho vivimos no es obstáculo para seguir a Jesús. Él no rechaza nunca a quienes conscientes de su pobreza la reconocen y pueden así acoger con gozo la buena noticia del perdón gratuito de Dios, que Jesús vino a proclamar. Es bueno perder nuestros miedos a reconocer nuestros fallos, deficiencias, pecados… eso sólo nos servirá por un lado, para vivir en verdad, que en definitiva esa es la humildad y, por otro, para vivir con la consciencia de sabernos siempre acogidos como hijas e hijos pródigos que, un día tras otro, recibimos del Padre-Madre buena el abrazo del perdón..

Yo te haré pescador de hombres.
“Pescar hombres” era un dicho popular que significaba sacar a alguien de un peligro, es decir ayudar a alguien a librarse de la fuerza del mal (representado por el mar). Una vez más el recuerdo de esa vocación fundante: ayudar a librar del mal, dar vida, sanar, curar… la pasión de Jesús a la que en ese texto nos vuelve a invitar a todas las personas que queremos seguirle.

Pero de nuevo nos urge la consciencia de que nuestro ayudar a otros a salir del mal supone hacer nosotros antes el camino, desde nuestra pobreza, y limitación. Pero sólo puede mostrar el camino del bien quien lo transita, aunque sea pobremente.

Y dejándolo todo lo siguieron
De nuevo el lenguaje teológico, no significa que históricamente desde ese momento Pedro y los otros hayan abandonado su modo de vivir cotidiano.

De nuevo aquí nos encontramos con una llamada a abandonar nuestros yoes superficiales como identificadores de nuestra identidad auténtica. Seguir a Jesús en primer lugar es desplegar todas las posibilidades de nuestro propio ser.

La primera vocación es la de darnos a luz a nosotros mismos, abandonando caminos que nos desorientan, conductas destructivas, hábitos rutinarios para poder desplegar nuestro verdadero ser: hijos e hijas amadas de Dios.

El segundo paso para vivir nuestra verdadera vocación es recrear la hermandad, ayudarnos unos a otros a vivir de verdad como hermanos y hermanas, y eso supone abandonar nuestras actitudes individualista, egoístas, nuestros caminos egocéntricos.

Finalmente nuestra vocación cristiana nos supone implicarnos, con todas nuestras posibilidades, en ayudar a dar a luz a un mundo nuevo que ya gime entre dolores de parto, esperando una nueva oportunidad que, como se nos recuerda en toda llamada vocacional, no se hará sin nuestro consentimiento.

En definitiva un hermoso texto que nos vuelve a convocar como personas y comunidades a vivir nuestra auténtica vocación: Ser lo que somos, hacer verdad la filiación y la fraternidad.

lunes, 4 de febrero de 2013

CUIDADANÍA GLOBAL

Por Teresa Cabello García, voluntaria de InteRed AndalucíaMe gustaría que todos nos tomáramos un tiempo de reflexión acerca de un concepto, sospecho que nuevo para la gran mayoría, que desde que supe de él me ha hecho plantearme la importancia del lenguaje y de lo importante que es denominar correctamente.

Supongo que el término Ciudadanía es conocido por todos y todas, y Ciudadanía Global, aunque más reciente, ha ocupado y ocupa muchas noticias de actualidad.

Afortunadamente hay muchas personas y comunidades trabajando en la educación de una ciudadanía global con el fin de que cada uno de los ciudadanos y ciudadanas desarrollemos el sentimiento de pertenencia a un grupo local y global, pasemos de la sensibilización a la concienciación para acabar en la acción y la movilización por un mundo más justo en la que nuestra participación es necesaria y obligatoria.

Pues ahora quiero que vayamos un poco más, ¿qué pasaría si intercambiáramos el lugar de la u y la i en la palabra ciudadanía? Obtenemos la palabra CUIDADANÍA.

El término nace en Sevilla cuando se inauguró  el Centro Vecinal Pumarejo en mayo de 2004. Al descubrir la placa inaugural descubrieron un error del ceramista que la realizó, en la misma se puede leer: “…para uso y disfrute de la cuidadanía…”, en lugar de ciudadanía. A día de hoy es un término cada vez más usado y que va de la mano de otros conceptos de cambio como es el decrecimiento.

La cuidadanía reivindica poner el cuidado de la vida en el centro y no los mercados, como ocurre hoy día, el cuidado de las vidas, de todas. Debemos trabajar por una sensibilización, concienciación y posterior acción para reconocer la importancia de la gestión y mantenimiento de los cuidados diarios que actualmente son tan invisibles. Debemos educar y ser educados en un cuidado personal tanto físico como mental para pasar en cadena a los cuidados de las personas con las que convivimos y del entorno en el que nos movemos para así ir tejiendo la red de cuidados hasta llegar a una cuidadanía global. La cuidadanía sólo se entiende de manera universal, basado en un cuidado mutuo y no jerarquizado.

Para todo ello es necesario el desarrollo de conciencia crítica así como una educación motora en participación porque los cuidados implican acción y responsabilidad de todos y todas para con todas y todos.

Desde InteRed trabajamos en cuidadanía a través de la campaña “Actúa con cuidados” con la que reflexionamos sobre el valor de los cuidados, de la importante necesidad de que sean visibilizados y ocupen un lugar de prioridad en nuestra vida diaria. El actual sistema capitalista nos ha llevado a una vida donde lo importante es producir más, consumir más y obtener más beneficios individuales. Este sistema es injusto e insostenible puesto que el fin único es económico y monetario. “Actúa con cuidados” tiene el fin de darle la vuelta a un iceberg cuya base sólo es sostenible a través de un trabajo de cuidados con los que podemos mantener y reproducir la vida. pero esta base no se visibiliza, sólo vemos el pico que está por encima del agua, ese mercado que ostenta el lugar más alto pero que si se destroza la base se hunde.

Reflexionemos, movilicémonos y participemos por construir un mundo en el que el bien común sea el objetivo y esto sólo lo conseguiremos cuidándonos.

jueves, 31 de enero de 2013

Al otro lado de la historia


"En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.» Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?» Y Jesús les dijo: «Sin duda me recitaréis aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo"; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.» Y añadió: «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel habla muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.» Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba." (Lc 4, 21-30)

Por Redacción AJ. Este domingo, el 4º del tiempo ordinario, seguimos escuchando las palabras de Jesús iniciadas el domingo pasado, Lucas presentaba el comienzo de la actividad de Jesús en Galilea (Lc.4, 14-21) y ese comienzo acaba en fracaso… Todos se “admiraban de las palabras que salían de su boca” (v.22) 
¿Qué les molestó tanto a los habitantes de Nazaret, hasta el punto de “llenarse de ira y arrojar a Jesús fuera de la ciudad”(v 28-29)? ¿Qué no han comprendido? ¿Qué les ha escandalizado?
Lucas nos invita  a sufrir el “escándalo”, el escándalo de sus paisanos: el Cristo, el Hijo de Dios es el carpintero, un don nadie, de un pequeño pueblo perdido en las tierras de Palestina. “Escandalizarse”  de que el hijo de José, el carpintero, sea el Mesías, el Hijo de Dios, nos puede llevar a comprender que Jesús, el Hijo de Dios, se ha colocado desde el otro lado de la historia, desde la historia de los que no cuentan (F. Riera)
“Se llenaron de ira” (v. 29) al recordarles Jesús que en tiempos de Elías y Eliseo, Dios ayudó antes a los extranjeros que a los israelitas sus vecinos, Lucas nos invita también a considerar la universalidad de la Buena Noticia: Jesús es para todos los seres humanos, sin hacer diferencias y sin conceder privilegios, Jesús trasciende las culturas, las religiones, las prácticas religiosas… y acoge a todos.
Este Domingo, y toda la semana, para confrontarnos como discípulos y discípulas de Jesús podemos preguntarnos: ¿dónde nos situamos, del lado de quienes estamos? y ¿a quiénes y cómo acogemos? 
No dejéis de confrontar la calidad de nuestro amor con la segunda lectura (1 Co 12,13) que la liturgia de este domingo nos ofrece, ¡que riqueza!
¡Buen domingo y buena semana!