martes, 8 de enero de 2013

No somos una generación perdida


Por Mercè Tous (militante AJ), Óscar Mateos, Sonia Herrera y otros para Cristianisme i Justícia. 

Durante la primavera de 2012 Cristianisme i Justícia propuso a un grupo de jóvenes una serie de encuentros para reflexionar sobre el momento actual. Son jóvenes que vivieron con ilusión el nacimiento del 15-M, comparten el deseo de cambio y el nuevo lenguaje político que este movimiento propone, pero a la vez son conscientes de sus debilidades y limitaciones. Forman parte de la generación de jóvenes mejor preparada de la historia de este país, y también la que está sufriendo una precarización laboral más despiadada. A pesar de la incertidumbre y la desorientación que el momento presente genera, quieren expresar su esperanza en el cambio y en la capacidad de reacción de la sociedad. Este año en CJ hemos querido que nuestra “reflexión de fin de año” sea la suya, que su voz sea la nuestra.

1. Hijos de la bonanza...
Como generación, somos hijos de la etapa de mayor bonanza económica que ha vivido nuestro país. Durante este tiempo, hemos crecido en una sociedad progresivamente mercantilizada, en la cual la existencia ha llegado a tomar sentido en el acto de consumir y en la cual se ha confiado a la técnica la solución de todos los problemas. Durante este tiempo, la democracia conquistada por las generaciones anteriores se ha ido diluyendo en el individualismo, desapareciendo toda noción de bien común. En algún momento de este proceso dejamos de pensar qué modelo de sociedad queríamos porque no lo creímos necesario y el totalitarismo de la indiferencia empezó a hacer presencia en nuestras vidas.

Hacemos nuestra reflexión desde la condición de jóvenes cristianos, sin que esto sea sinónimo de visiones homogéneas o petrificadas. Sabemos bien que nuestra fe, nuestra situación social o nuestros estudios no nos hacen mejores ni nos sitúan en una especie de atalaya moral desde donde juzgar a la sociedad. Estamos plenamente inmersos en ella y participamos de muchas de sus dinámicas, pero también nos atrevemos a interpelar y a interpelarnos sobre la situación que vivimos.

2. Un cambio de época
Nuestro diagnóstico no es un análisis de expertos, se limita a recoger nuestras inquietudes y es, por lo tanto, necesariamente incompleto y sesgado. Creemos, sin embargo, que la crisis presenta múltiples niveles (económico, social, religioso, ético...), hecho que nos conduce a hablar no tanto de una época de cambios, sino de un cambio de época, de un verdadero cambio de paradigma. Estos son algunos puntos en los cuales queremos hacer hincapié:

2.1. Desigualdades crecientes
Los últimos datos del INE indican que en España hay un 22% de personas en situación de pobreza (2 puntos más que al inicio de la crisis), un 25% de la población activa en el paro (sólo un 11% cuando empezó la crisis) y que la desigualdad entre ricos y pobres es cada vez más grande.
Estamos viviendo una progresiva desaparición de la clase media. El modelo de Estado del Bienestar, semilla de la construcción del proyecto europeo y frágil aún en su implementación en países como el nuestro, se está debilitando a marchas forzadas. El ascensor social no funciona y si lo hace es sólo de bajada. Esta desigualdad va acompañada de una estigmatización de la pobreza. Y es que el neoliberalismo nos ha convencido de la falacia que vivimos en una sociedad que ofrece igualdad de oportunidades a todo el mundo. En consecuencia, se responsabiliza/culpabiliza al pobre de su situación, cuando en realidad es el mismo sistema el que se alimenta de víctimas para poder funcionar.

Ante esto reivindicamos una caridad y una solidaridad que sientan el problema del pobre como un problema propio, fruto del conocimiento de la identidad humana común, y no sólo como fruto de un “neoliberalismo compasivo” que no cuestiona las causas de la pobreza.

Por desgracia, la crisis, del mismo modo que ha producido una oleada de solidaridad y compromiso, está alentando la aparición de un nuevo fascismo social que encuentra en el uso de la dinámica del “chivo expiatorio” (el inmigrante, el pobre, etc.) y en la insensibilización ante el sufrimiento ajeno, una válvula de escape al propio malestar. Este fascismo puede ser, a la larga, una de les amenazas de nuestra convivencia y democracia.

2.2. Hundimiento de las instituciones e ideologización de la sociedad
Acciones políticas masivas como el 15M nos han quitado la venda de los ojos poniendo sobre la mesa el déficit democrático de nuestro país y el gran desprestigio de las principales instituciones políticas. El descrédito de la clase política es creciente y en gran medida se relaciona con la pérdida de noción de bien común general a toda la sociedad, pero especialmente visible en un ámbito que se define precisamente por la defensa de este bien común.

Tampoco existen vías fáciles para ejercer la ciudadanía. A pesar de tener nuevos medios y nuevas tecnologías que permitirían y facilitarían dinámicas participativas y consultivas, parece que esta implicación del pueblo en las decisiones que lo afectan no interese de momento a los gobernantes.

En este contexto, hay que sumar el hecho de que los llamados mercados se hayan ido apoderando de los centros de decisión, convirtiéndose en mentores de nuestras débiles democracias.

Finalmente, hemos llegado también a una situación de gran polarización ideológica en la cual el diálogo es cada vez más difícil y la búsqueda de lugares comunes y consensos una quimera. Esta polarización nos ha conducido a la caricatura, al enfrentamiento y a la superficialidad en la comunicación.

2.3. Absolutismo técnico, ocaso del humanismo
Vivimos en un mundo que ha magnificado la técnica y la economía, como si ésta fuese una ciencia exacta generadora de verdades absolutas. Por desgracia el criterio predominante a la hora de valorar las personas, las relaciones, los proyectos o las maneras de vivir ha sido el de la rentabilidad económica. La crisis ha puesto de manifiesto cómo en una sociedad altamente mercantilizada las únicas relaciones que se consideran plausibles son las de sangre o las estipuladas por contrato. La fraternidad queda excluida.

Por otro lado, deberíamos ser suficientemente lúcidos para darnos cuenta de que la historia reciente confirma la falsedad de la presuposición ilustrada, según la cual el progreso técnico implica espontáneamente progreso moral. La fragmentación positivista y el consiguiente olvido de las humanidades comportan el olvido de la pregunta por el sentido de nuestras acciones en el mundo. En otras palabras, hay un peligro siempre latente en una noción acrítica de progreso que se olvide de la ética y que ignore la afinada distinción entre óptimos y máximos.

Esta ruptura se hace especialmente manifiesta en el campo de la técnica y la economía. En nombre del progreso todo queda justificado. El modelo económico occidental, tal y como hoy lo conocemos, presupone que las acciones de tipo financiero, a pequeña o gran escala, quedan fuera del radio de valoración moral. Serían, pues, acciones amorales. Esto es falso. Hay que recuperar la presencia de la ética en la economía, y recordar que existe un uso ofensivo y un uso prudente del dinero, pero no un uso inocuo.

En definitiva, reivindicamos la figura del pensador, del humanista, del crítico. Hay que añadir profundidad y rigor intelectual en todos los niveles de la sociedad.

2.4. Valores líquidos
Siguiendo la afortunada expresión de Z. Bauman, ya hace tiempo que se habla de una sociedad líquida, de los valores líquidos, del amor líquido... Haciendo referencia a un momento en el cual se produce una pérdida de consistencia en aquello esencial. Todo se nos escapa entre los dedos. Esta superficialidad, esta cultura de lo efímero asociada al dogmatismo del cambio constante, nos hacen más vulnerables a los vaivenes de cada momento. Aparecen nuevas esclavitudes, más o menos sutiles, y las personas nos subyugamos a ellas, incluso adrede y con gusto. En este contexto detectamos una asepsia en el lenguaje, que se convierte en herramienta eufemística que nos vuelve ciegos ante la realidad. Queda atrás una concepción del lenguaje que transforma el caos en orden y que nos aproxima a la comprensión del mundo y de los demás. La tecnificación del lenguaje y el abuso incontinente de la palabra nos han insensibilizado. Las palabras ya no queman, y están libres de pecado.

La inconsistencia se plasma también en hábitos como el consumo a todos los niveles. Consumimos objetos y experiencias. Consumimos la vida misma. A menudo parece que la única forma de ocio es el consumo. Este crecimiento entendido sólo como aumento de la capacidad de consumo nos ha empobrecido como sociedad y como personas, nos ha hecho perder consciencia de nuestra influencia y responsabilidad en la sociedad y de la fuerza del compromiso encarnado en las opciones del día a día.

2.5. Invierno eclesial
En medio de esta sociedad líquida, los grandes relatos se esfuman, las grandes palabras despiertan ironías y, en el mejor de los casos, perplejidades. Esto afecta, evidentemente, a las religiones. El cristianismo es una opción vital con una clara pérdida de legitimidad social. Las causas son diversas, pero con dos polos claros. Por un lado, el neopositivismo imperante que percibe todo aquello simbólico, religioso, poético, no-científico, como algo patológico o sencillamente inútil. Por otro lado, la mala administración de lo sagrado que la Iglesia ha ejercido en múltiples momentos de su historia. Muchos sentimos con tristeza que nadie nos representa en la Iglesia. Vemos clara una necesidad de redescubrir definitivamente la vocación cristiana como encarnación en medio del mundo; buscamos la expresión de una fe y una espiritualidad capaces de integrar todas las dimensiones de la persona; y creemos que el cristianismo de hoy debería ser una utopía entusiasmadora, una ética comprometida y una trascendencia verosímil.

3. Horizontes: ¡No queremos ser una generación perdida!
El mundo en el cual nacimos ha quedado obsoleto. Los anhelos de aquel “otro mundo posible” en que ha crecido y se ha formado nuestra generación parecen cada vez más lejos. De repente se hace patente la imposibilidad de lograr muchos de los proyectos personales y comunitarios, al menos aquellos con que nos habían enseñado a soñar. Vivimos con dificultad la construcción de un itinerario vital con sentido, a partir de una vocación discernida.

Aunque parece que el pesimismo se ha apoderado de nuestro horizonte, NO QUEREMOS SER UNA GENERACIÓN PERDIDA. A pesar de vivir en un contexto en que se hace difícil lograr paz interior y lucidez sentimos la necesidad de encontrar vías de implicación en la recuperación de ciertos valores y de una visión humanizadora del mundo. Es más, constatamos que ya se están dando en nuestro entorno iniciativas locales, sencillas, de carácter colectivo y transformador que son anticipaciones de un futuro que está por venir.

Desde aquí queremos hacer un llamamiento a la esperanza, a la alegría (que debería ser tan propia de los que nos decimos cristianos) y a caminar hacia nuevos horizontes que:
– Recuperen la fraternidad, y trabajen por lo común, lo que es de todos.
– Luchen contra el binomio individualismo/indiferencia.
– Blinden espacios para cuidar a la persona en su integridad.

Hacemos nuestras las palabras de un bonito poema de Pedro Casaldàliga: «Es tarde pero es nuestra hora. Es tarde pero es todo el tiempo que tenemos para construir el futuro».

Cristianisme i Justícia
Diciembre de 2012

Puedes acceder al texto publicado por Cristianisme i Justícia en este enlace: http://www.cristianismeijusticia.net/sites/default/files/es241.pdf

jueves, 3 de enero de 2013

Alentando las búsquedas


“Jesús nació en Belén de Judea en tiempo del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: "¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo". Al enterarse el rey Herodes se sobresaltó y todo Jerusalén con él; entonces reunió a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos contestaron: “En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta: ´Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo, Israel`". Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran la fecha en que había aparecido la estrella y los envió a Belén, diciéndoles: "Id y  averiguad cuidadosamente qué hay de ese niño, y cuando lo encontréis, avisadme para que yo también vaya a adorarlo”. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarles hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños la advertencia de que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.” (Mt 2, 1-12)
Por Redacción AJ. El Evangelio que la liturgia presenta para el primer domingo del año que, casualmente, coincide con la fiesta de la Epifanía del Señor, es un episodio narrado exclusivamente por el evangelista Mateo: La adoración de los magos; situado dentro de los relatos de la infancia que constituyen una especie de epílogo del primer evangelio. Tras la larga genealogía de Jesús, el evangelista narra el conocido texto de la adoración de los magos, para concluir con la huida a Egipto y la vuelta a Galilea. Es fácil deducir que estos dos capítulos, pensados y bien estructurados tienen una intencionalidad muy clara: mostrar que en Jesús se cumplen, conforme a las Escrituras, las promesas hechas al pueblo de Israel. Que Jesús, nacido de la estirpe de David, es el Mesías.

Mateo escribe su evangelio después del año 70, cerca de los 80 dicen los exegetas, y lo dirige fundamentalmente a gente procedente del judaísmo convertida al cristianismo después de la muerte-resurrección de Jesús, gente, por tanto, del pueblo que no reconoció a Jesús como el Salvador, y que conoce bien la Ley de Moisés y los profetas. Desde aquí se entiende la insistencia de Mateo en poner de relieve que Jesús no solo cumple la Ley sino que la lleva a su plenitud, no circunscribiendo el mensaje de salvación a un pueblo determinado, a un pueblo elegido, sino que su mensaje es universal, se dirige  a todos los pueblos, a todas las naciones, a todos los tiempos.

El relato de la adoración de los magos pertenece a un género literario llamado midrash, utilizado en el Antiguo Testamento para describir el nacimiento de personajes célebres como Moisés, Samuel, etc. Su intención más que destacar la historicidad de los hechos, pone de relieve su significatividad, es decir, la enseñanza que se quiere transmitir. 

Profundizamos  en qué nos dice a nosotros HOY este texto y en cómo puede ayudarnos en nuestras vidas. Para ello, vamos a detenernos en primer lugar en los PERSONAJES principales del texto, en lo que hacen, lo que dicen, como actúan: los magos, el Rey, un niño con su madre… y una Estrella. La función de la estrella es clave en el texto. Es la que atrae a los magos y despierta su interés, los guía, los ilumina y acompaña en el camino, y les conduce a la meta.

1. Unos magos de Oriente. Representa a la gente que busca, está atenta, es capaz de distinguir entre los millones de estrellas que lucen en el firmamento una que brilla con luz especial y que parece indicar algo diferente. Gente capaz de contrastar sus búsquedas, compartir lo que ven en el horizonte, lo que van descubriendo y se arriesgan a ponerse en camino…  no saben cuándo llegarán, ni si tendrán éxito, pero saben qué es lo que los ha puesto en marcha, una llamada irresistible surgida en su interior al mirar la estrella.
  • ¿Qué hay en nosotros de esa actitud de búsqueda?

2. Un rey con nombre propio Herodes conocido por su crueldad. Fiel vasallo del poder del imperio romano al que el pueblo judío está sometido. A este rey que controla todo, le coge desprevenido la visita de los magos y más aún el motivo de la visita. Llama a sus asesores, a los entendidos de la ley judía, quienes para sorpresa suya, confirman lo que dicen los magos: que en una pequeña ciudad de sus territorios, en Belén, nacerá el Pastor de Israel. Desconcertado, lleno de miedo, necesita quedarse sólo para maquinar qué hacer ante quien ya desde ahora vive como rival.
  • ¿Cómo nos situamos ante hechos inesperados de la vida? ¿Descubrimos en nosotros actitudes de cerrazón y miedo ante quien puede quitarnos protagonismo, invadir nuestro espacio, etc.? 

3. El niño con su madre. El niño aunque no es llamado por su nombre tienen la certeza de que es Aquel a quien buscan. La madre es presentada por su nombre, María. 

Y los magos conducidos por la estrella hasta este lugar, entraron en la casa. Necesitaron entrar dentro para que ocurriese lo que dice el texto:
vieron al niño, con María su madre,
y cayendo de rodillas
le adoraron.
ENTRAMOS ACTIVAMENTE EN LA ESCENA

Somos invitados como los magos a entrar en la casa donde habita Dios, esa casa que desde que “puso su tienda entre nosotros” somos nosotros mismos y es el mundo. Todo el mundo y nuestro mundo. También el de hoy, con sus crisis y desajustes, con su enorme complejidad, con sus cerrazones y cegueras. Es ahí en nuestra realidad concreta donde somos llamados a entrar, a aprender a superar los obstáculos y a distinguir las señales, aunque sea de noche, que nos conducen a donde está Dios. Ese Dios que pasa inadvertido, que no deslumbra, que no vive en lujosos palacios, sino que se presenta en la sencillez de una imagen cotidiana, la de un niño con su madre. Es la imagen que habla de vida regalada, recibida  y acogida; de vida por cuidar, alimentar y ayudar a crecer; de vida con sentido, inserta en un plan de justicia y liberador; de vida entregada para todos.

Esta visión nueva de las cosas, de la realidad, e incluso de la imagen que tenemos de Dios, provoca la actitud de postrarse en adoración. En un lenguaje más cercano, significa hacer silencio, dejarse inundar por la presencia callada de la Vida, significa bajar las defensas y las resistencias, y abrirse a la novedad del Misterio.

De esta experiencia de contemplación y encuentro con el niño en brazos de su madre, que nos muestra a un Dios que rompe todos los esquemas, brota el ofrecimiento de lo que se tiene. Oro, incienso, mirra...  Lo mejor de cada uno puesto a los pies del niño, con conciencia de que es insignificante pero que agrada al Señor. Esta experiencia transforma la vida en compromiso de anuncio.

Los magos tras haber encontrado la Luz que señalaba la estrella, Luz de donde dimana toda luz, vuelven a su cotidiano por otro camino, para seguir alentado las búsquedas de quienes de tantos modos, se ponen hoy en camino hacia la Estrella.
  • ¿Dónde me encuentro respecto de los elementos señalados en este punto?
  • ¿Qué es lo que más me cuesta? ¿En qué me siento más fuerte?
  • ¿En qué siento que puedo ayudar o sostener a otros?

lunes, 31 de diciembre de 2012

Tiempo de Navidad

“Cuando al pobre corazón humano le parece que lo que anuncia la Navidad es demasiado bello para ser verdad, entonces la voz del corazón debe atender con más urgencia al mensaje del Niño que ha nacido hoy” (K. Rahner)


La asombrosa novedad que celebra la Navidad es que Dios se humaniza, de despoja de su rango y se hace como uno de tantos (Fil 2, 7).

Os invito a contemplar… Esa es la actitud de la Iglesia reunida para celebrar el asombroso e impresionante misterio de Dios hecho hombre, actitud de alabanza y de hondo agradecimiento por el sorprendente acercamiento de Dios al hombre: “La Palabra se hizo carne y puso su tienda entre nosotros; hemos contemplado su gloria. . .” (Jn 1, 11)

Vamos a contemplar  acompañados por Pedro Poveda.  En 1910 él escribía una carta a un dirigido suyo (hoy nos escribe a nosotros, te escribe a ti). Leámosla: 

"[…] Yo quisiera que todas tus meditaciones, durante este santo tiempo, fuesen sobre los misterios de la infancia, y que, a ser posible, tuvieras a la vista una imagen del niño Jesús. […] 


Figúrate que todo lo que nos dice el evangelio referente a Belén, sucede a tu vista y cerca de tu casa. Piensa otras veces que fuiste al Portal y admiraste cuanto allí sucedía.

Después, dime, de haber contemplado aquel cuadro ¿seguirás tú pensando como piensas en cuanto a comodidades y bobadinas? ¿Qué te dice aquel establo, aquella pobreza, aquella desnudez del niño, sus lágrimas, los semblantes de María y José, el silencio de la noche, la crudeza de la estación y, en suma aquel cuadro tan lastimoso según lo humano, y de tan infinito valor según los designios del Altísimo?

Si cerrando los ojos del cuerpo miras con los del alma al Dios humanado y reflexionas en todo lo que significa aquella escena ¿qué sentirás? Si cerrando los oídos del cuerpo escuchas allá en lo más recóndito de tu ser las voces de los que esperaban la venida del Mesías, los cánticos de los ángeles y la conversación interior de Jesús con su madre ¿qué desearas? Mira, hijo de mi alma, si nosotros hemos de reinar con ese niño, tenemos que padecer con Él. […]”  (Epistolario. Carta 18. Narcea 2012) 

¡Feliz Navidad y a disfrutar!  

jueves, 27 de diciembre de 2012

Jesús y la familia


"Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.» Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?» Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres." ( Lc 2, 41-52)
Por Redacción AJ. Celebramos este domingo la fiesta de la Sagrada Familia que se constituye como fiesta litúrgica en el siglo XIX, exactamente en el año 1893. Fue el papa León XIII quien la introdujo en el calendario litúrgico. Era un momento de cambio significativo pues la revolución industrial provocó la aglomeración urbana, y cambios significativos en el modo de vivir las relaciones familiares.  Comienza ya a percibirse una pérdida significativa de los valores tradicionales de las familias cristianas. Por ello se decidió crear una fiesta con liturgia completa, centrada en el ejemplo e intercesión de la Sagrada Familia de Nazaret, constituida por Jesús, María y José.
El relato evangélico de este domingo (Lc 2, 41-52) está escrito ochenta años después de los hechos; por lo tanto no tiene garantías de historicidad. Sin embargo, es muy rico en enseñanzas teológicas.
Nos encontramos ante un texto que guarda mucha similitud con relatos legendarios de personajes famosos de la antigüedad, a los que se les atribuía, ya desde niños, unos conocimientos especiales. Episodios como éste se cuentan de Ciro, Alejandro, Epicuro, Solón, Cicerón... Parece que, de acuerdo con esa costumbre, Lucas ha construido un relato con el que busca subrayar la sabiduría de Jesús, retrotrayéndola a su infancia.
Un dato significativo de este relato es que Marcos pone de relieve que sus padres no lo comprendieron, poniendo en labios de María una queja angustiada, y en los de Jesús una reacción de sorpresa. El evangelista subraya este tema, que ha sido difícil de asimilar en la tradición cristiana pero que aparece en otros evangelistas y en distintas ocasiones:
Marcos es el evangelista que más claramente lo expresa: "fueron para llevárselo, pues decían que estaba trastornado" (3, 21) y añade la sorprendente respuesta de Jesús a quienes le hablan de su madre y sus hermanos: "¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y mirando entonces a los que estaban sentados a su alrededor, añadió: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre»" (Mc 3,33-35, par Mt 12, 46-50 y Lc 8,19-21.).
Lo que pretendía su familia era impedir que siguiera por el camino que había emprendido. Trataban de evitar una catástrofe, para él y para todos los suyos.
Pero Jesús les remite a lo constitutivo de su nueva familia, no serán los vínculos de la sangre lo definitivo de sus seguidores y seguidoras sino la Voluntad de Dios, su sueño, su proyecto: formar una familia de hijas/os; hermanas/os desde la seguridad del amor incondicional de Dios ¡Abba!
Hoy celebramos la fiesta de las familias cristianas, sin duda una fiesta que busca profundizar en la consciencia de lo que es el proyecto de familia desde los valores y el espíritu de Jesús.
La familia no fue para Jesús un absoluto, ni una institución intocable. Todo para él era mediación, camino para hacer realidad el Reino. Por tanto sería bueno aprender de Jesús a no sacralizar ninguna institución. Las instituciones son instrumentos que tienen que estar siempre al servicio de la persona humana, de la familia humana, de la vida y la casa común.
Sin duda que la familia es nuestro primer lugar de socialización, de educación, de aprender los valores y las creencias nucleares sobre la vida. El ser humano sólo puede crecer en humanidad a través de sus relaciones con los demás. La familia es el marco insustituible para esas relaciones profundamente humanas. En ese sentido sigue siendo un lugar privilegiado de crecimiento y maduración o de heridas y desestabilización. Pero lo que ayuda a crecer y madurar es la calidad de las relaciones entre sus miembros, la apertura solidaria a la familia más amplia que formamos todos los vivientes y no el "modelo" de familia.
Los lazos de sangre pueden ser puntos de apoyo para aprender a salir de nosotros mismos e ir a los demás, favoreciendo el despertar de nuestra capacidad de entrega y servicio. Las relaciones familiares pueden ser un lugar privilegiado para enseñarnos a dejar nuestro individualismo y egoísmo. Si en la familia superamos la tentación del egoísmo amplificado, aprenderemos a tratar a todos con la misma humanidad.
La familia de Nazaret, más allá de idealizaciones, nos habla no sólo de cómo cuidar nuestra relaciones familiares desde la tolerancia, el respeto, la comprensión, el diálogo... sino de ampliar nuestra perspectiva "familiar" más allá de la carne y la sangre, para poder sentirnos familia humana, hijos e hijas de Dios comprometidos con hacer verdad la fraternidad y el cuidado de nuestra "casa" común la tierra.
Esas son las "cosas" del Padre de las que Jesús dice a María y José, que tiene que atender, aunque eso le suponga un conflicto, un disgusto grande a sus seres queridos. El texto expresa ese dolor e incomprensión «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados». Jesús les sorprende con una respuesta inesperada: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?».
Sus padres «no le comprendieron». Solo profundizando y guardando en el corazón esas palabras y al verle actuar en su vida posterior descubrirán progresivamente que, para Jesús, lo primero es la familia humana: una sociedad más fraterna, justa y solidaria, tal como la quiere Dios.
Hacemos nuestras unas sabias y cristianas palabras de Pagola en relación a esta fiesta: "No podemos celebrar responsablemente la fiesta de hoy sin escuchar el reto de nuestra fe. ¿Cómo son nuestras familias? ¿Viven comprometidas en una sociedad mejor y más humana, o encerradas exclusivamente en sus propios intereses? ¿Educan para la solidaridad, la búsqueda de paz, la sensibilidad hacia los necesitados, la compasión, o enseñan a vivir para el bienestar insaciable, el máximo lucro y el olvido de los demás?
¿Qué está sucediendo en nuestros hogares? ¿Se cuida la fe, se recuerda a Jesucristo, se aprende a rezar, o sólo se transmite indiferencia, incredulidad y vacío de Dios? ¿Se educa para vivir desde una conciencia moral responsable, sana, coherente con la fe cristiana, o se favorece un estilo de vida superficial, sin metas ni ideales, sin criterios ni sentido último?"
Este reto familiar nos atañe también a la familia teresiana, Pedro Poveda expresó con mucha fuerza que la vida de familia es algo característico de nuestra vocación y espiritualidad. Esa vida de familia, hoy, es una urgencia de nuestro tiempo, cuidar la fraternidad, el cuidado mutuo, la presencia cálida, el tiempo regalado de unos para otros... y al tiempo una llamada a hacer verdad el sueño de Dios por el que Jesús vivió y murió: construir una humanidad nueva desde las claves de la hermandad y la justicia.