martes, 18 de mayo de 2010

5 razones para ver … "Honeymoons"

Por Raquel Pérez. "Honeymoons" (Goran Paskaljevic, 2009).

1. El director, Goran Paskaljevic (Belgrado, 1947) cuenta con una amplia filmografía, entre otras la película también estrenada hace unos años en España, La otra América (2005). Su más reciente largometraje, HONEYMOONS, ha sido galardonado con la Espiga de Oro a la mejor película en el Festival Internacional de Cine de Valladolid (2009) y su trayectoria como director, con el Premio Especial del Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián.


2. Tras el aislamiento de Albania durante los cuarenta años de la dictadura de E. Hoxha, serbios y albanos se encuentran por primera vez en la coproducción de esta pelí
cula. A lo largo de todo el guión queda patente la fuerza que la identidad étnica tiene en estas poblaciones fronterizas, dejando entrever una violencia latente, que se manifiesta con gran dureza en determinadas situaciones de conflicto. Ambos pueblos, como afirma G. Paskaljevic, a pesar de hablar dos lenguas totalmente distintas, tienen mucho en común, sobre todo el profundo anhelo de ser parte de Europa.

3. La película, concebida como tríptico, logra una excelente trabazón de las historias paralelas que narra, coincidiendo finalmente en un espacio imaginario, mientras esperan a las puertas de Europa.

4. El anhelo de ambas parejas de abandonar su país, bien porque las circunstancias no les permiten estar juntos, como en el caso de los albaneses, como la legítima esperanza de tener un futuro mejor, de los serbios, contrasta con el trato de los europeos (italianos y húngaros) y sus prejuicios, perpetuando la violencia en la que ya se halla sumergida la vida de estas jóvenes parejas.


5. Junto con la oportunidad de autocrítica que sin duda nos brinda esta película a los europeos, es una invitación a revisar estereotipos sobre pueblos y culturas y a desmontar prejuicios… El medio: narración de historias de vida que nos permiten conocer y re-conocer al otro.

sábado, 15 de mayo de 2010

Conocimiento profundo

Por Redacción AJ. Hoy no puedo evitar leer las tres lecturas como un conjunto. Es habitual que haya una relación entre las lecturas y solemos decantarnos por comentar el evangelio. Este fin de semana, sin embargo, se me unen irremediablemente.

Lucas, autor tanto del evangelio como del libro de los Hechos de los apóstoles, escribe para Teófilo (¿también para ti y para mí, que estamos dedicando un rato de nuestro tiempo a leerle?) con el propósito de que "conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido" (Lc 1, 4).
"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.» Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios." (Lc 24, 46-53)
El final del evangelio (de la Buena Noticia que es para nosotros la vida, muerte y resurrección de Jesús) marca el comienzo de los Hechos de los Apóstoles (de los primeros cristianos), es decir, de la comprensión de lo que había ocurrido y de cómo afectaba esto a sus vidas (y a la tuya, y a la mía). Pasaron de creer que era el Mesías esperado a verlo morir de la peor manera imaginable (injuriante, escandalosa, vergonzosa). De vivir la desesperación a aprender a reconocerlo presente en sus vidas "de otra manera". De creer que la instauración de su Reino era inminente a sospechar que a lo mejor habría que "esperar un poco..." Lo que está muy claro es que los primeros cristianos, los que estuvieron al lado de Jesús, los que comieron con Él, los que se cansaron caminando y yendo de un pueblo a otro... los que discutían quién se sentaría a su derecha y querían castigar a los que hacían curaciones en su nombre sin ir con ellos... los que se encerraron por miedo mientras algunas mujeres se fueron a ungir su cuerpo... Éstos, que lo conocieron en persona, tuvieron que hacer un proceso para entender qué había pasado. A lo largo de los evangelios hay multitud de situaciones en las que Jesús les tiene que explicar las cosas. La etapa de las apariciones de Jesús Resucitado son especialmente significativas en este sentido. El comienzo de los Hechos de los Apóstoles nos muestra muy claramente que incluso después de las experiencias de reconocer a Cristo Resucitado presente en sus vidas, sus expectativas continuaban necesitando ser "resituadas". Si había que convertirse al judaismo o no (circuncisión o no) para ser "cristianos" ("otro Cristo"), si la Buena Noticia era solo para los judíos o también para los paganos y tantas otras cuestiones a las que tuvieron que dar respuesta.
"Ellos lo rodearon preguntándole: - «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?» Jesús contestó: - «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.»"
Somos así, no podemos evitarlo... Y con esto, afortunadamente, contaba (y cuenta) Dios... En nuestra época, 2.000 años después, ¿qué aprendizaje tenemos que hacer? Quizás nos hayamos "instalado demasiado" en lo que los primeros tuvieron que entender: que la vuelta del Señor no iba ser inminente y que, por tanto, tenían por delante la tarea de aprender a vivir sin Él (pero con Él) siendo fieles a lo que habían recibido en primera persona o por otros... ¿Qué tenemos que "re-aprender" nosotros/as? ¿Cuántas veces funcionamos como si en realidad lo de que Jesús va a volver no fuera cierto? ¿Qué relación personal tenemos con Jesús, con Dios Padre, más allá de unas ideas a las que me uno, unos requisitos que intento cumplir, un estilo de vida que procuro cuidar? ¿Cómo me doy espacios en mi vida que me puedan ayudar a vivir lo que solo se puede vivir (y para lo que no valen los libros o lo que otros me cuenten)? ¿Participo de experiencias de esas que dicen "que ayudan" a vivir y alimentar la fe: celebración de la eucaristía, oración, compartir la fe con otros, celebración de la Pascua, ejercicios espirituales, voluntariado, etc., etc.? ¿Qué leo que me pueda ayudar a poner en palabras lo que vivo en el fondo de mi ser y que muchas veces ni yo mismo/a comprendo? ¿Con quién hablo y de qué hablo?

Es aquí donde no puedo evitar leer la segunda lectura (carta de Pablo a los Efesios) y sentir que Pablo nos escribe a ti y a mí:
"Por lo cual, yo, al conocer tu fe en Jesús, el Señor, y el amor a todos los creyentes, no ceso de dar gracias por ti recordándote en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, te conceda espíritu de sabiduría que te revele un conocimiento profundo de Él; que ilumine los ojos de tu corazón, para que conozcas cuál es la esperanza de su llamada, cuál la riqueza de la gloria de su herencia otorgada a su pueblo y cuál la excelsa grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes." (Adapt. Ef 1, 15-19)

lunes, 10 de mayo de 2010

Sobre la Caritas in Veritate

Por Oscar Mateos. Tenía pendiente hacía semanas leer la primera encíclica social de Benedicto XVI, Caritas in Veritate. Debo reconocer que su lectura me ha sorprendido. Había leído análisis generales sobre la doctrina social de la Iglesia, desde la Rerum Novarum de Leon XIII hasta la Populorum Progessio de Pablo VI. Había leído y oído decir que, en general, la doctrina social de la iglesia no era nada tibia, que decía las cosas por su nombre, y que planteaba cuestiones de fondo a la hora de analizar la pobreza, la injusticia y las desigualdades sociales.
La Caritas in Veritate, no cabe duda (recomiendo su lectura), sigue en esa línea, incluso yendo más allá que el discurso más tenue de las encíclicas sociales de la etapa de Juan Pablo II. Recojo aquí alguna de sus perlas:
“Hace tiempo que la economía forma parte del conjunto de los ámbitos en que se manifiestan los efectos perniciosos del pecado”.
“Sin formas internas de solidaridad y de confianza recíproca, el mercado no puede cumplir plenamente su propia función económica”.
“La economía y las finanzas, al ser instrumentos, pueden ser mal utilizados cuando quien los gestiona tiene sólo referencias egoístas”.
“Toda decisión económica tiene consecuencias de carácter moral”.
“La vida económica (…) necesita leyes justas y formas de redistribución guiadas por la política, además de obras caracterizadas por el espíritu del don”.
“La victoria sobre el subdesarrollo requiere (…) una apertura progresiva en el contexto mundial a formas de actividad económica caracterizada por ciertos márgenes de gratuidad y comunión”.
La crítica al modelo capitalista neoliberal es flagrante. Tal y como la encíclica viene a reconocer, la crisis económica actual es fruto de una dinámica impulsada por el capitalismo en el que los ricos se han hecho más ricos, a costa de una masa con peores condiciones laborales y salariales, llevando a una situación de mayor empobrecimiento mundial.

La iglesia-jerarquía debería tener entre manos (sé que, en general, no lo perciben así) una “patata caliente”: la obligación moral de salir también en manifestación para denunciar las dinámicas perversas de nuestro sistema, para defender a las víctimas de un modelo económico excluyente (las “estructuras injustas y de pecado”) que privilegia a una minoría.

¿Por qué la doctrina social de la iglesia en la praxis no tiene el mismo rango que la doctrina moral?
Seguramente, alguien a nivel institucional se justificaría diciendo que la iglesia ya está presente en muchas realidades de dolor e injusticia, y es cierto. Es indiscutible el papel incondicional que muchas personas de iglesia (la Iglesia-pueblo) desempeñan en situaciones límite. Ahora bien, la Iglesia debería ser punta de lanza no en una dinámica meramente asistencialista sino verdaderamente en una dinámica que permitiera transformar esas “estructuras de pecado” que generan dolor, injusticia y sufrimiento. Esa misiva sólo será posible planteando alternativas reales al modelo económico actual. Y por favor, que nadie se confunda, no estamos hablando de comunismo, sino de alternativas (que existen) que pongan la igualdad y la solidaridad en el centro. Alternativas que, como ya señalaba el filósofo cristiano Emmanuel Mounier hace varias décadas, aspiren a proponer una economía al servicio del hombre (y no al revés), un ideal de sencillez de vida y primen el trabajo sobre el capital, erradicando el reinado de la especulación en el que estamos inmersos y que tanto daño nos ha hecho. Pincha aquí para leer la Caritas in Veritate.

martes, 4 de mayo de 2010

Invento la palabra

Por Sonia Herrera. George Orwell dijo: “La libertad de expresión es decir lo que la gente no quiere oír”. Y en este mundo en el que nos toca VIVIR (con mayúsculas y con toda la implicación que eso conlleva) hay demasiadas cosas que ciertas personas no quieren escuchar. Ayer celebrábamos el día de la Libertad de Prensa. Un día que más que celebrarse debería consistir en una jornada de reivindicación y denuncia, pues son muchos los países que obstaculizan, limitan y bloquean el derecho a la libertad de prensa, y con él, el de la libertad de expresión de millones de ciudadanas y ciudadanos en el mundo. La lista es demasiado larga: Corea del Norte, China, Arabia Saudí, Israel, Colombia, Birmania... No pensemos que estamos fuera de esa lista, la crítica empieza también en casa. El 1 de Mayo de 2009, RNW (Radio Nederland Wereldomroep) publicaba en su sitio web el siguiente titular: “Disminuye en el mundo la Libertad de Prensa”. Sin duda resulta alarmante. En un mundo en el que se inician guerras y se invaden países en aras de la Libertad como si ésta fuera un ente propio ajeno a las conductas de los individuos, resulta que la libertad de prensa se encuentra gravemente amenazada. Según la organización estadounidense Freedom House, desde el año 2000 la libertad de prensa ha diminuido consecutivamente cada año. En el 2008, además, esta disminución se dio en todas las regiones del mundo.

Hoy quiero dedicar este pequeño artículo a México, como homenaje a sus habitantes que sufren las consecuencias de esa falta de libertad. Cártel de Tijuana, cártel de Sinaloa, cártel del Chapo Guzmán, cártel de Juárez, cártel del Golfo… Estos son algunos de los grupos criminales más importantes que controlan el negocio de la droga en México, un país que se ha convertido en uno de los más peligrosos para los periodistas del continente americano. Solamente en el año 2008 murieron por causas vinculadas al narcotráfico más de 5.400 personas, víctimas de un negocio que genera según la Secretaría de Seguridad Pública del país más de diez mil millones de dólares anuales. El macabro recuento continúa...

Las agresiones contra periodistas y medios de comunicación en México conllevan consecuencias graves en detrimento de la libertad de expresión: falta de información al alcance de los ciudadanos, investigaciones superficiales, simplificación, reiteración de la violencia directa sin explicación de las causas, devaluación de la profesionalidad, autocensura… Las coacciones recibidas por parte de funcionarios del gobierno, fuerzas del orden y narcotraficantes, entre otros, han provocado que sean muchos los reporteros y redactores que han dejado de firmar sus notas y artículos por miedo a las represalias. La información pierde valor si se desconoce la fuente, si se dejan de tratar ciertos temas, si solamente se transcriben informes oficiales. El miedo, legítimo y fundamentado, se instala poco a poco en los periodistas que cubren informaciones controvertidas, y la espiral del silencio sigue creciendo, afectando al derecho fundamental de todos los ciudadanos a estar informados de forma veraz y contextualizada.

Hoy en día, los profesionales de los medios de comunicación mexicanos deben aferrarse más que nunca a aquella frase de Octavio Paz que decía: “Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día”.