lunes, 30 de enero de 2012

Invisibles y omnipresentes


Por Mari Paz López Santos para Eclesalia. En principio los dos adjetivos que encabezan este escrito podrían considerarse opuestos, por lo menos para la masa de la que estamos hechos los humanos: si estás, te ven. Y, sin embargo, no se trata tanto de leyes físicas sino, más bien, de cómo percibimos al otro, ya sea persona individual o grupo humano. Se dan casos claros de presencia real e invisibilidad al mismo tiempo.

He empezado de forma misteriosa pero aclaro enseguida la cuestión a la que quiero referirme: es el caso de la invisibilidad de las mujeres en la Iglesia y la omnipresencia de esas mismas mujeres en la iglesia. No hay que pasar por alto el discreto matiz de la misma letra en mayúscula y en minúscula. Tiene su importancia.

Me doy cuenta de que la mujer siempre se ha acercado al misterio de Dios con una facilidad mayor que el hombre. El hecho de que el acercamiento no degenere en la obtención del poder crea una forma de estar donde la fidelidad es la característica principal.

Podemos ver a mujeres en pequeños pueblos cuidando, limpiando, poniendo flores, preparando manteles para los altares, guiando el rezo del rosario, atendiendo trabajos administrativos, custodiando la llave de la iglesia, etc. Estas mujeres ni se plantean que las cosas puedan ser de otra manera, que pudiera haber mujeres presentes en otro tipo de servicios de otro orden dentro de la Iglesia.

Si nos adentramos en el terreno del mundo de las órdenes religiosas el número de monjas y religiosas es muy superior al de sus homólogos masculinos, pero en la mayoría de los casos viven más “ocultas”.
Y si hablamos de los laicos, o mejor dicho, de las laicas: catequistas, voluntarias en todo tipo de actividades de la Iglesia, atención a la formación de las diferentes pastorales de bautismo, confirmación, preparación para el matrimonio; visitas a hospitales, ayuda a la infancia... No habría renglones suficientes en este artículo para enumerar en todos los ámbitos donde se mueven, ni para contabilizar el número total.

Del sacerdocio, nada nuevo que decir. Son los que son y parece que así va a seguir el tema.

El día de la llegada del Papa Benedicto XVI para encontrarse con los jóvenes en la JMJ en Madrid, viendo en televisión la celebración de la Plaza de Cibeles, reparé en un sencillo hecho: una multitud de chicas y chicos juntos en lo mismo, sin diferencias; pero cuando la cámara enfocó el escenario donde el Papa se dirigió a los jóvenes, reparé en el contraste: sólo había hombres.

No hace mucho, un buen amigo, por ciento, religioso, hablando del tema de las mujeres en la Iglesia me dijo con mucha contundencia: “No entiendo, según están las cosas, que todavía haya mujeres en la Iglesia”.

Creo que la invisibilidad nos da alas, y la creatividad, omnipresencia. Lo que no quiere decir que no hayamos de seguir trabajando y avanzando para que la situación cambie.

Ahora recuerdo que bien visibles “junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena (…) y cerca, al discípulo que tanto quería Jesús”. Como siempre en mayor número pero esta vez bien visibles.

No lo digo yo, lo dice el propio discípulo: Juan 19,25-26. 

viernes, 27 de enero de 2012

De saldos y novedades


Llegaron a Cafarnaún, y, cuando llegó el sábado, Jesús entró en la sinagoga y se puso a enseñar a la gente que estaba admirada de su enseñanza, porque os enseñaba con autoridad, y no como los maestros de la ley.

Había en la sinagoga un hombre con espíritu inmundo, que se puso a gritar: ¿Qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? ¡Sé quien eres: el Santo de Dios!
Jesús le increpó, diciendo: ¡Cállate y sal de ese hombre!
El espíritu inmundo lo retorció violentamente y, dando un fuerte alarido, salió de él.
Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: ¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva llena de autoridad! ¡Manda incluso a los espíritus inmundos y estos le obedecen!
Pronto se extendió su fama por todas partes, en toda la región de Galilea.
(Mc 1, 21-28)
 Redacción AJ. La pasada semana Marcos nos presentó a Jesús eligiendo a los discípulos. Hoy estamos ante la primera parte de lo que podríamos considerar un día en la vida de Jesús. Está en Cafarnaún, una aldea de poca importancia junto al lago de Tiberíades. Es sábado por la mañana y Jesús, como tantos judíos de entonces y de ahora, comienza el día en la sinagoga, el lugar de enseñanza y custodia de la Palabra de Dios. Los versículos siguientes –que se leerán en el Evangelio del próximo domingo- lo sitúan ese mismo día en un entorno más familiar: la casa de Simón y Andrés.
En la sinagoga de Cafarnaún, donde el pueblo se reúne para escuchar las lecturas bíblicas y su explicación, se inaugura, para Marcos, la actividad pública de Jesús y lo hace con palabras y con obras. Enseña a la gente sencilla y cura a un poseído por un espíritu inmundo. La idea central del texto es que Jesús enseña con autoridad una doctrina nueva.
La autoridad y la novedad del mensaje de Jesús vienen ratificadas por la acción. Jesús, además de enseñar, y en el mismo contexto, actúa, realiza un signo impresionante y espectacular: la liberación de un hombre poseído por el espíritu del mal. Nuestro hombre está en la sinagoga. Enseña con autoridad y actúa con firmeza y decisión. El endemoniado representa la actitud de quienes se empeñan en vivir en contra de Dios, fuente suprema de todo bien, rechazando sus mediaciones. Sin entrar en el carácter psicológico o espiritual de la posesión, la liberación que ofrece Jesús, por medio de la Palabra, es un signo de cómo la Buena Noticia se impone sobre la realidad y las fuerzas del mal.
Lo ocurrido esa mañana de sábado se debió convertir en tema de conversación de toda la aldea ese día y los sucesivos. El texto de hoy concluye afirmando que su fama se extendió por todas partes (v.28).
Jesús siempre sorprende. Su lenguaje y sus gestos son únicos. La gente se admira de su enseñanza que no es repetitiva, no es “lo de siempre”, hay novedad en su palabra. Presenta tal novedad al hablar de Dios, al presentar la Ley y los profetas, que hay quien se siente amenazado y se revela. El “espíritu inmundo” es hostil a Dios y el “hombre poseído” siente que se tambalea, hasta derrumbarse, su mundo religioso. Es la palabra de autoridad de Jesús la que lo libera de las sombras y amenazas de una falsa imagen de Dios que se resiste a desvanecerse.
Este Evangelio puede ser una invitación a revisar si en el corazón albergamos alguna fuerza extraña que nos impide escuchar en nuestros entornos cotidianos la Buena Noticia del Reino; si alguna experiencia nos bloquea para reconocer al Dios de Jesús acompañando y sosteniendo nuestros quehacerer. Quizás lo primero sea pararnos a reconocer qué novedad trae Jesús hoy a mi vida, a la de nuestro grupo, comunidad, movimiento, asociación…; qué palabra de liberación nos dirige.
También es una invitación a preguntarnos por nuestras conversaciones, sean de pasillo, por sms o través de la red ¿Hablamos de Jesús, del Dios que nos revela, de su palabra de vida? ¿contamos lo que hemos visto y oído? ¿invitamos a los amigos, a los vecinos… a acercarse a él, a conocerle, a escucharle?

lunes, 23 de enero de 2012

Conocerle un poco más


Por Samuel Medina. El pasado domingo, como otros muchos, estuve en el Centro Almar (sede de la Institución Teresiana en Málaga). Allí puede respirarse la vida del Movimiento, con varias salas decoradas con carteles y murales en los que los miembros de los distintos grupos desde Convocatoria hasta Militancia han ido plasmando sus inquietudes.

Me llamó la atención entre los demás, uno hecho por jóvenes de Iniciación. Decía: “¿Por qué no se nos ve a los cristianos?”  Y sobre ese titular, decenas de respuestas iban llenando el espacio hasta casi tener que escribir unos sobres otros. Las respuestas eran las esperadas: “No está bien visto”, “La gente nos clasifica como raros”, “No somos valientes”, etc.  Me dio qué pensar sobre la imagen que damos los cristianos en los entornos allá por donde vamos, en colegios, institutos, universidades, lugares de trabajo y de ocio… Y sobre el concepto que en la sociedad se tiene de nosotros. Creo que una vez que dejan atrás la idea de que los cristianos son los que están bautizados, la gente suele definirnos como personas que creen en Dios y que van a misa. No merece la pena señalar que es una definición extremadamente pobre, pero creo que puede asemejarse bastante a lo que la media puede decir.

Tengo la suerte de tratar con jóvenes universitarios bien formados que no se declaran creyentes. Con ellos he dialogado pausadamente sobre lo que piensan que es ser Cristiano y las respuestas no son muy diferentes a las que acabo de anunciar. Nada de extrañar. Al fin y al cabo hablan por lo que han visto u oído, por lo que otros creyentes le han contado. Como mucho, pueden admitir que son personas que se rigen por ciertos valores, nada distintos a los que cualquier persona con una buena ética podría defender.

Sin embargo, sí me han sorprendido las respuestas que otros jóvenes declarados cristianos han dado sobre lo que supone serlo. Creo que se aproximan mucho a los tópicos que estamos acostumbrados a oír, muy similares a los que diría cualquiera: “Personas que creemos en Dios”, “Que seguimos a Jesús”, “que tenemos una serie de valores definidos por la persona de Cristo”, etc.

Esto me hace pensar que no transmitimos bien lo que somos. Es normal que no se nos vea. Ser cristiano no implica sólo estar bautizado, haber recibido la eucaristía o estar confirmado… Ni siquiera declararse simpatizante o seguidor de Jesús. Ser cristiano es mucho más: Es tener una relación personal con Jesús. Una relación completamente real, como la que podemos tener con un amigo/a o con nuestra pareja. Una profunda amistad que ronda el enamoramiento, la entrega absoluta, la sensación de que todo pasa a un segundo plano sin Él.  Jesús es alguien (¡no algo!, como dice José Antonio Pagola) vivo, muy vivo que atraviesa nuestra propia naturaleza para impregnar nuestra vida de una sensación de serena felicidad que sólo Dios puede proporcionar.

Conocer bien a Jesús y no seguirlo es imposible. Y seguirlo y no amarlo, más imposible aún. Entiendo por tanto, que el ser Cristiano pasa por dejarse guiar por Él. Por ceder las riendas de nuestra vida y nuestra voluntad en quien sabemos nos ama. Por entender que la auténtica felicidad, proviene de confiar en Dios, de dejarse llevar por Él y vivir profundamente orientados a Él… 

lunes, 16 de enero de 2012

Paz por testosterona. A propósito del IV Encuentro de Oración por la Paz

Por Pepe Laguna para Eclesalia. Los medios de comunicación generalistas no se hicieron eco del acontecimiento: el pasado 27 de Octubre Benedicto XVI convocaba en Asís el IV Encuentro interreligioso de Oración por la Paz. En la pequeña localidad italiana se dieron cita los líderes de las principales religiones mundiales, para orar y reafirmar el compromiso por la paz de todos los credos religiosos.

Sobre el inmenso palco montado delante de la iglesia de la Porciúncula pudimos ver sentados al Papa; a su derecha Su Santidad Bartolomé I, patriarca ecuménico de Constantinopla, y su Gracia Rowan Williams, primado de la Comunión Anglicana; y a su izquierda al rabino David Rosen y al profesor Wande Abimbola, portavoz de las religiones tradicionales africanas ifu y yoruba. También estuvieron presentes el obispo Munib Younan, de la Federación Luterana Mundial; el líder shijk Tarunjit Singh Butalia; el representante del Patriarcado de Moscú, metropolita Aleksandr; el mulá Mohammed Zubair Abid; el metropolita Mar Gregorios, de los siro-ortodoxos de Antioquía; el taoísta Wai Hop Tong; el budista venerable Phra Phommolee; Tsunekiyo Tanaka por los sintoístas japoneses; la señora Betty Ehrenberg, del Comité Internacional Judío; el reverendo Setrui Nyomi de la Comunión Mundial de las Iglesias Reformadas; y el profesor mexicano Guillermo Hurtado en nombre de los no creyentes.

Ante las fotos del encuentro todas ellas plagadas de pobladas barbas y cabezas alopécicas, uno no puede dejar de preguntarse por qué la Divinidad, en cualquiera de las declinaciones institucionales allí presentes, “elige” sólo varones para representarla. Dejo al lector y lectora elaborar su propia respuesta.

Hans Küng afirma que “no habrá paz entre las naciones sin paz entre las religiones, y no habrá paz entre las religiones sin diálogo entre ellas”, a lo que yo añado: “no habrá paz hasta que las mujeres lideren las religiones y el mundo en igualdad de oportunidades que los hombres”. Ya conocemos la violencia que es capaz de generar la testosterona masculina, dejemos paso a la progesterona.

Los cristianos y cristianas sabemos que la paz vendrá de la mano de las mujeres, así nos lo anunció el ángel Gabriel y lo corroboró María de Nazaret en su Magníficat; así nos lo dijeron María Magdalena, Juana, María la de Santiago, primeras testigo de la resurrección.

El día en que la foto de un futuro encuentro de Asís muestre el rostro femenino de papisas, patriarcas, primadas, rabinas, lideresas…, habrá comenzado verdaderamente la era de la paz. (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).