viernes, 30 de abril de 2010

Tanto amas, tanto eres

"Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros como yo os he amado: amaos así unos a otros. En eso conocerán todos que sois mis discípulos, en que os amáis unos a otros."
(Jn 13, 34-35)
Por Redacción AJ. El Amor. Son tantas las referencias, citas, comentarios que nos pueden venir a la cabeza. Son tantos los rostros, las personas, las experiencias que resuenan en nuestro interior al nombrar esta palabra... Saboréalos, recuérdalos, pásalos por tu corazón suavemente, con gusto, con alegría, con agradecimiento... Date unos segundos ahí, "gustando internamente" antes de seguir leyendo. Concédetelo a ti y a tu gente, antes de ser empujado/a por la prisa...
"Cuando [digamos] «Padre nuestro», amor será entender quién es este Padre nuestro y quién es el maestro que nos enseñó esta oración." (Santa Teresa)
Dios es Amor. A Dios nadie lo ha visto, de Dios tenemos experiencias, podemos crearnos imágenes, pero si hay algo en lo que los cristianos y cristianas han ido coincidiendo a lo largo de los siglos es en esto: Dios es Amor, Dios es el único fiel. Dedica unos segundos (o minutos) a repasar brevemente tu historia de amistad y fidelidad con Dios. Si puedes, identifica esas imágenes que hemos heredado y que algunos/as insisten en mantener contrarias a esta Verdad: castigador, controlador, manipulador, "todopoderoso" según nuestros esquemas...
“El espíritu de nuestra fundación no es de temor, sino de fortaleza y amor, como decía san Pablo. En el amor está comprendido cuanto para con Dios y para con el prójimo han de practicar nuestras Academias, o mejor sus miembros." (Pedro Poveda, 1912)
Pide la gracia de ir entendiendo un poquito mejor cada día qué es el Amor y que ese entendimiento transforme tu forma de ser, de relacionarte, de vivir...

Repite en tu interior "Dios es Amor" como quien vuelve a casa después de un fatigoso día de trabajo, como quien ha estado en el exilio y encuentra un hogar, su hogar; como quien se sabe misteriosamente querido/a apesar de ser como soy, con todo lo que soy... Utiliza tu imaginación para sentarte a la vera de Jesús y cuéntale tus cosas, que son sus cosas...
"Ama y haz lo que quieras".

"Si callas, callarás con amor,
si gritas, gritarás con amor,
si corriges, corregirás con amor,
si perdonas, perdonarás con amor.

Si está dentro de ti
la raíz del amor,
ninguna otra cosa sino el bien
podrá salir de tal raíz."
(San Agustín)
Bien podríamos tenerlo como principio de ética. Cuando Jesús nos da un mandamiento nuevo "que os améis unos a otros como yo os he amado", éste, el Amor, se convierte en una nueva "vara de medir"... Tanto amas, tanto eres. Si amas de verdad, puedes hacer lo que quieras, porque a nadie harás daño. El problema surge en que tantas cosas le tienen robado el nombre al amor (Santa Teresa), es decir, llamamos "amor" a tantas cosas que no lo son. Si tienes un rato, relee las características del amor en la 1º carta a los Corintios de Pablo, capítulo 13 y contrasta tu modo de situarte en la realidad con ellas.
"Yo digo siempre que el amor comienza en casa. Lo primero es vuestra familia y después vuestra ciudad. Es fácil pretender amar a los que están lejos, pero mucho menos fácil es amar a los que viven con nosotros o muy cerca. Desconfío de los proyectos impersonales porque lo único que cuenta es cada persona. Para conseguir amar a alguien es necesario estar cerca de ella. Todo el mundo tiene necesidad de ser amado. Cada uno de nosotros tiene necesidad de saber que es alguien para los demás y que es de un valor inestimable a los ojos de Dios.

Cristo dijo: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado». Y dijo también: «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40). Es a él a quien amamos en cada pobre, y cada ser humano en la tierra es pobre en alguna cosa. Dijo: «Tuve hambre y me disteis de comer. Estuve desnudo y me vestisteis » (Mt 25,35). Siempre recuerdo a mis hermanas y a nuestros hermanos que nuestra jornada está compuesta de veinticuatro horas con Jesús." (Teresa de Calcuta)
"Nos quedan: la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande de todas es el amor." (1 Cor 13, 13)

miércoles, 28 de abril de 2010

¿Quién confía en la juventud?

Poveda sí, ¿y nosotr@s? Por Silvia Ferrandis.

Todavía no me decido si escribir estas líneas como joven (ante mis tiernos 26 añitos) como una afectada directa más, o como mera observadora tirando ya a adulta, para poder hablar desde fuera, siendo menos subjetiva de lo habitual. Haré eso, pues es cierto que cada vez (desde mi juventud) me identifico más en mi papel de acompañante y educadora (y también que cada vez salgo menos y “limpio” más).

En cualquier caso como joven y como educadora la situación me interpela y cuestiona igualmente, vaya eso por delante, y es algo que reflexiono a menudo.

A las afirmaciones de Pedro Poveda y su confianza plena en la juventud, siempre me surgen numerosas preguntas y respuestas:

Vosotros podéis conquistar el mundo… ¿Qué mundo? ¿Qué queda de él?
Los y las jóvenes… los que reaccionan, los más valientes… tienen ideales… hacen la revolución… intrépidos y arriesgados… ¿Nos lo creemos? ¿Les dejamos? ¿Queremos realmente que participen, que opinen, que protesten, que sean protagonistas? ¿Para qué? ¿Los escuchamos? ¿Los tenemos en cuenta?

Esas son algunas de mis preguntas. Respuestas tengo muchas, las mías, tal y como lo voy entendiendo, pero me interesa más que nada que estas líneas puedan servir para que reflexionemos sobre cómo lo estamos haciendo y qué estamos favoreciendo, en el Movimiento Acit Joven, en la Institución Teresiana, y en la sociedad, como actores que la conformamos.

¿Qué mundo, qué sociedad queremos que conquisten? Un mundo totalmente desequilibrado, con un grupo de población enriquecida a costa de una mayoría empobrecida, con una inequidad absoluta de oportunidades, que en nuestro lado nos creemos sólo nuestras. Donde los derechos humanos brillan por su ausencia, porque apenas se trabaja por garantizarlos, ni por exigirlos, para un@ mism@ y para el resto de personas. Un mundo, o mejor, una sociedad como la española, que vive ajena demasiadas veces a todo ello, pues nos toca desayunar con que se juzgue a un juez que sí ha luchado firmemente por la defensa de los DDHH y la libertad, con un Tribunal Constitucional que en cuatro años es incapaz de tomar una decisión, demostrando que su implicación ideológica pesa por encima a su responsabilidad y su exigible independencia. Desayunar, comer y cenar con que unos políticos hacen y deshacen y se llevan y se dejan comprar, y aun así lo que más les sobra es la soberbia y la desvergüenza, aniquilando su condición de servidores públicos hasta convertirse, en dueños y señores de territorios, “yo soy la Generalitat Valenciana”, o el de víctimas según convenga, “usted lo que quiere es verme en una cuneta” y por supuesto que no falte ningún evento, que “això ho pague yo”. Y para colmo se niegan a arrimar el hombro y a aportar desde sus capacidades que quiero pensar que tienen, si eso no supone ganarse unos votos.

Una iglesia (la que tiene altavoces) que parece empeñada en romper con las cristianas y cristianos y sobre todo con l@s más jóvenes, al vivir en un mundo paralelo, ajeno a la sociedad, al vetar a quien nos habla de Jesús y entendemos y nos gusta lo que dice como es el caso de Pagola; al esconderse y victimizarse, al amenazarnos "o conmigo o sin mí"….

¿Quiénes son entonces nuestras y nuestros servidores públicos?, ¿en qué referentes queremos que se fije la juventud? ¿Triunfa la honestidad, o vale utilizar cualquier medio para conseguir nuestro objetivo? ¿Quién se preocupa por la comunidad si no lo hacen los políticos, ni los medios, ni la justicia, ni aparentemente la iglesia…? Obviamente todo esto son generalizaciones, pero que están generando, ante tales niveles de fraude y de decepción en las instituciones, una desconfianza y desentendimiento por parte de las y los jóvenes, que no entienden que resulte que todavía queden resquicios demasiado activos del franquismo y que en tiempos de crisis en lugar de trabajar codo con codo, unos se llenen los bolsillos, se vaya por libre, y a la ciudadanía nos hinchen a multas para recaudar lo que han despilfarrado.

Sin embargo, cuando se pregunta por la juventud, la respuesta es “madre mía es que l@s jóvenes de hoy, se creen que tienen derecho a tenerlo todo, es que no se preocupan, es que sólo piensan en ell@s, en su play y en salir, beber (el rollo de siempre…)” Pero, ¿qué queremos?

No tienen mucho mundo que conquistar que digamos. No nos educamos en la participación, y cuando se animan a participar, no se tiene en cuenta sus aportaciones. ¿Creemos y apostamos por sus capacidades?, ¿cuidamos a la juventud? ¿O más bien, “ya se apañarán cuando a ellos les toque tomar el pulso…”? Pues seguramente se comportarán parecido, visto de quién han aprendido… desde luego no se les ha enseñado con los hechos a compartir, a trabajar juntas y juntos, a ser corresponsables, a cooperar…

Y este es nuestro reto, el del Movimiento Acit Joven, el de la Institución Teresiana, el de las y los educadores, y el de jóvenes que pese a todo, no nos hemos dejado llevar, que sabemos que es posible hacer visible el Reino en este mundo y en esta sociedad. Porque si realmente creemos en la juventud, debemos fortalecer sus capacidades, como decía, y facilitar, animar, sus procesos, aunque sean distintos a los nuestros, aunque nos cueste entenderlos a veces. Sólo desde ahí, con ellas y ellos, podemos y haremos la revolución que Poveda y Jesús esperan de nosotr@s.

domingo, 25 de abril de 2010

Escuchar y seguir a Jesús

En aquel tiempo, dijo Jesús: "Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno."


Por Redacción AJ. En este texto del Evangelio de Juan, Jesús señala en qué se distinguen los que son “de los suyos”. El texto es muy breve, es verdad, pero Jesús va a señalar dos rasgos que son nucleares: son de los suyos los que le escuchan y le siguen.

Nosotros, los cristianos, somos “de los de Jesús”, de ahí la importancia de preguntarnos por la calidad de nuestra escucha. No hace falta decir aquí que “oir” y “escuchar” no es lo mismo. Oir, oímos montones de ruidos, pero ¿qué escuchamos? ¿a quién escuchamos? ¿dónde escuchamos a Jesús? En nuestros grupos y comunidades ¿qué lugar ocupa la escucha de su Palabra? ¿Nos ayudamos a “ponernos en onda” con la Buena Nueva de Jesús?

Y del mismo modo nos podemos preguntar ¿qué dinamismo provoca en nosotros esa escucha? Y es que, si lo pensamos, escuchar nos cambia, nos provoca. Cuando una escucha es profunda y auténtica siempre se mueve algo en nuestro interior: sentimientos, decisiones, modos de pensar. El evangelio está lleno de testimonios de cómo la palabra de Jesús provocó cambios: cambió tristeza en alegría, animó a arriesgar, liberó de miedos… y generó el deseo de mirar, de amar, de pensar y de actuar como él y con él. Escuchar a Jesús fue para los discípulos algo que fue cambiando su vida, que les transformó y les hizo experimentar la seguridad de que “ser de los de Jesús” es, en definitiva, estar en las manos de Dios, de donde nada ni nadie puede arrebatarnos.

martes, 20 de abril de 2010

¿Qué mundo dejaremos a las futuras generaciones?

Por Redacción AJ. Los terremotos y volcanes que están teniendo tanta presencia en nuestras vidas y medios de comunicación últimamente son fenómenos puramente naturales. A menudo opino que esto ha pasado siempre, pero que ahora nos enteramos antes y más rápido gracias a los medios de comunicación. No tengo intención, al decirlo, de minimizar situaciones dramáticas como las vividas hace unos meses y de los que pocos medios de comunicación se molestan en nombrar en la actualidad (en la viñeta de Forges al final del post, en una esquinita encontraremos una de las honrosas excepciones). Sí es cierto una cosa: las consecuencias de estos fenómenos naturales son ahora mucho más devastadoras, generan muchas víctimas en algunos países y muchos costes en estos "otros" países donde apenas se dan las víctimas.

No es extraño, dada la mayor cantidad de personas que habitamos el planeta (hemos pasado de los 1.000 millones de habitantes a los más de 6.700 millones en pocos años) y, por tanto, a poco que haya consecuencias nefastas que afecten a un 1% de la población, el número de damnificados es necesariamente elevado.

El drama se da cuando los costes son humanos, no económicos, a causa de malas construcciones, de un ahorro sin escrúpulos en los materiales, de casas levantadas en zonas inundables o de desagüe , del abuso y sobreexplotación de la naturaleza. El problema no es construir, sino dónde y cómo. El problema es que la injusticia y el abuso del pasado, las deudas impagables, junto a la desviación de fondos a bancos en paraisos fiscales, impiden que se pueda invertir en infraestructuras allí donde más falta hace, de forma que se pueda evitar que un peligro natural se convierta en desastre natural.

Un volcán en una poco nombrada Islandia se ha convertido en la noticia de esta semana. Nos ha hecho tomar conciencia de cómo estamos "vendidos" en este sistema de transportes y de comercio, en el que un parón como éste que estamos viviendo, provoca semejante caos y pérdidas económicas. Ojalá, como dice la viñeta, la situación nos ayude a ser más modestos, a tomar conciencia del sistema sobre el que hemos montado el bienestar de unos y el drama de otros.

Dicen que queda petróleo para los próximos 40 años. Las predicciones hechas al respecto en los años 70 se van cumpliendo (40 años de corroboración no están tan mal). Estos días no podía evitar preguntarme, al ver la situación mundial generada por este volcán peleón, cómo nos las apañaremos (o se las apañarán nuestros hijos e hijas) en el futuro sin petróleo, con una población mundial que crece a este ritmo endiablado, con una biodiversidad disminuyendo (por la acción del ser humano) de una forma vertiginosa, con unas brechas sociales (que duelen y sangran tanto como una "brecha" en la cabeza) que generan tanto sufrimiento y con un planeta que tiene recursos limitados, como todo en la vida...

Os propongo dos juegos en línea para explorar estas dos realidades (desastres naturales y cambio climático). Mi interior me dice que una buena parte del bienestar de las futuras generaciones está en nuestras manos...