martes, 13 de marzo de 2012

¡Hemos dormido en el cole!

¡Qué fin de semana más maravilloso hemos pasado en el cole!

El fin de semana del 18-19 de febrero, mientras en muchos lugares celebraban el carnaval, en el Instituto Veritas tuvo lugar un increíble encuentro o más bien un re-encuentro. Nos juntamos cerca de 130 niños de 5º y 6º de primaria y chavales de 1º de E.S.O. de Madrid-Pozuelo, Jaén y Puertollano. Queríamos vivir un “finde” diferente, como amigos de Poveda. Muchos de los que hemos participado, hemos estado preparando este encuentro desde el trimestre pasado, participando en un “concurso” de pancartas de bienvenida, escribiendo cartas de acogida, realizando fotos por calles de Madrid que hablan de Poveda…Rufi Cardenas nos compuso incluso una canción (“Agárrate a la cuerda”) ¡Teníamos muchas ganas de juntarnos todos!


Los chicos y chicas de Jaén llegaron al cole sobre las cinco de la tarde. Por la mañana, habían dado una pequeña vuelta en autobús por Madrid y luego fueron a comer a los Negrales. Mientras, desde las tres de la tarde, en el colegio estuvimos preparando el pabellón de bachillerato para dormir, colocando las pancartas, poniéndonos unas tarjetas con nuestro nombre, colocando las fotos del maratón…

A su llegada, les acompañamos a dejar sus cosas, les enseñamos el cole, y nos reunimos en la sala de música para las presentaciones. Vinieron también al encuentro gente de “ACIT Joven” como animadores, y personas de la gran familia teresiana como son Merche Ruiz, María Ruiz, Nieves Arce, Pilar Pérez, entre otros. ¡Casi no cabíamos!


Hicimos una yincana, merendamos, celebramos la Eucaristía en la que también participaron los padres, corrimos, saltamos, cenamos, participamos en la velada y… pudimos charlar antes de dormir, algunos hasta muy tarde.

Por la mañana nos dieron de desayunar churros y galletas y nos fuimos a recorrer Madrid por la zona del Palacio Real. Para identificarnos como grupo nos pusimos unas gorras rojas (que por cierto nos regalaron de recuerdo del encuentro). Nos contaron que Pedro Poveda fue capellán real desde 1921, nos enseñaron donde vivió en aquella época, donde acudía a celebrar, la capilla que hay dedicada a él en la Catedral… 

Al volver al colegio, los padres nos habían preparado de comida verdaderas exquisiteces.
Nos gustaría poder participar este verano en las jornadasde ACIT Joven o en las jornadas de Huerta Carmela para poder vernos de nuevo y celebrar más encuentros como este al año que viene.

lunes, 12 de marzo de 2012

Redescubrir nuestra vocación


Por Samuel Medina. Llevo un tiempo preguntándome por nuestro papel en el mundo que nos está tocando vivir: tenemos la sensación de hallarnos en una época particularmente convulsa que abarca desde el ámbito más local hasta el más internacional. Las decisiones que se tomen en este tiempo, marcarán la ruta a seguir en los próximos años, al menos eso parece… Y en medio, estamos nosotros, intentando encontrar un frágil equilibrio entre nuestras acciones cotidianas, nuestras preocupaciones diarias y la repercusión que sabemos que tienen en este mundo tan pequeño.

Me pregunto sobre nuestro papel como individuos solitarios, como miembros de una comunidad… Sobre el sentido que queremos dar a nuestra vida en la época que nos toca vivir. Difícil tarea, ¿verdad?

Entiendo que un buen punto de partida pasaría por aclarar nuestras prioridades en la vida, discernir los aspectos fundamentales que queremos que nos edifiquen, discernir lo que nos define, pues una vez se tiene claro el objetivo, es más fácil buscar acomodo al resto de situaciones que vayan aconteciendo. Esto pasa en todos los ámbitos de la vida: en nuestros grupos de amigos, nuestros trabajos, nuestras comunidades, nuestras relaciones de pareja… Definirnos y definir nuestro proyecto común irá limando las asperezas del trayecto.

Este proceso que entiendo fundamental hacer, se trabaja con mucho acierto en nuestro movimiento. Se proporcionan los condicionantes para que cada uno/a trabaje en elaborar su propia hoja de ruta: en las Asambleas celebradas cada 3 años fijamos unas líneas de acción que sirven de hoja de guía; en las jornadas diseñadas para los más mayores y encuentros de militantes, volvemos a revisarnos como personas, como comunidad… La visión que adquirimos, nos ayuda a interpretar los hechos que van ocurriendo en nuestro entorno, desde el prisma cristiano.

Pero igual de importante, entiendo, es el encajar nuestro lugar en medio de este proyecto común diseñado. Para ello, tener clara nuestra vocación es fundamental para no perdernos entre el desorden del día a día y en el que tanto cuesta mantener la orientación. Por supuesto no hablamos sólo de una vocación profesional, sino de la manera en la que afrontamos la vida.

Hacer y rehacer, cuestionarnos, madurar nuestra vocación es una misión que hay que tener asentada, pero que debemos reorientar cada día. En este movimiento, lo que une es una visión similar, centrada en Cristo, con el carisma de la IT. Y esa es la clave que nos debe hacer situarnos para interpretar los acontecimientos, sin olvidar que cada uno/a debe ir recordando su núcleo, su fundamento, su raíz para transformar y sentirse transformado.

El encuentro con Dios de cada uno/a nos será de gran ayuda. Ese encuentro personal del que ya alguna vez hemos hablado. Puede resultar útil leer y compartir las vocaciones de personas concretas “inundadas” por la presencia de Dios. Revivir, interiorizar, cuestionar testimonios sirven para preguntarnos por nuestra vocación a vivir nuestra vida como Cristianos. Lo que tienen en común personas de nuestro mundo con otras tan lejanas en el tiempo como Pedro Poveda, Santa Teresa de Jesús, San Ignacio de Loyola y un largo etcétera es que en todos los casos profesan un amor real por la persona de Jesucristo.

Ese mismo amor, es el que sienten hoy las personas del siglo XXI, el mismo que nosotros/as estamos llamados a cultivar. El lema de la última JMJ celebrada en Madrid “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la Fe” ilumina el camino a seguir para lograrlo. Resuenan igualmente con fuerza las palabras de Juan Pablo II en las Jornadas Mundiales de la Juventud de Roma (año 2000), cuando instaba a los Jóvenes a convertirse en “los Santos y santas del nuevo Milenio”. ¿Por qué no vamos a poder serlo? Personas con más o menos fe lo han ido consiguiendo a lo largo de los siglos… Sólo hay que fiarse de Él y aceptar su voluntad… Como cuando los discípulos Juan y Andrés decidieron seguirlo aún sin saber a dónde irían… O como cuando Abraham puso en las manos de Dios la vida de su hijo Isaac.

Pongamos nuestras vidas en sus manos, rememos mar adentro hasta “mojarnos” en la realidad que nos rodea, pero sabiendo que Él es quien nos conduce. Desde la certeza de que Él nos acompaña, ¿qué tememos? Podemos actuar, denunciar, construir, inspirar, arrojar luz sobre este mundo y este tiempo que nos ha tocado vivir… Es más, tenemos la obligación de hacerlo. Creo que nuestra misión pasa por prolongar esta historia de amor entre Dios y los hombres, y ser testimonio e instrumento para trabajar en la justicia de los Pueblos.

Dejémonos embaucar por su mirada, por su amor, no tengamos miedo… Ya lo decía la Santa que confío su vida plenamente a Él: “Nada te turbe. Nada te espante. Quién a Dios tiene nada le falta.” 

lunes, 5 de marzo de 2012

"Si Dios está por nosotros... ¿quién contra nosotros?"

Por María Llamedo, Kinshasha
"Nuestra confianza está en Jesús, y nuestro lema es repetir con S. Pablo: Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?  La obra de apostolado que pretendemos realizar, ha de ser idéntica a la que inauguraron los primeros cristianos, y los medios, los que aquellos pusieron en práctica, aunque seamos tenidos por locos y atraigamos sobre nosotros el odio del mundo." (Pedro Poveda)

Una chica muy maja que coordina el Movimiento me ha liado para escribir en nuestro blog y la verdad es que no sabía muy bien sobre qué escribir. Ella me propone que de la realidad de aquí vista desde allí o de la de allí vista desde aquí. Y no es nada fácil porque aquí la realidad es tan inabarcable como el país. Y para una jovencita blanca como yo siempre será difícil conocerla, si no imposible; presiento que aunque se me regale una larga vida aquí, nunca la conoceré, hay cosas que nos quedan siempre lejos, muy lejos, aunque una intente meter mucho la nariz.

Y por eso de meter “las narices” donde no se me llama, y sí, a veces también donde sí, el pasado 16 de febrero participé en la marcha organizada por los cristianos católicos en Kinshasa. Cada 16 de febrero se conmemora el asesinato de varios mártires cristianos que hace veinte años marcharon contra el régimen de Mobutu.

Y este año, se volvió a salir a la calle. Exigiendo la dimisión de la CENI (comisión que organizó las elecciones), el respeto de los derechos humanos y la justicia y el desarrollo de una autoridad no violenta. ¡Inocentes nosotros!

Salimos pronto de casa porque imaginábamos que iban a blindar Kinshasa y si no, no llegaríamos al lugar de encuentro, la Parroquia de Saint Joseph.

La noche antes el gobernador de la ciudad, algo así como el alcalde, había prohibido la marcha; entonces nos dimos reunión en la parroquia que antes mencioné para juntarnos a rezar. Como decía blindaron todas las parroquias de Kinshasa. Nosotras cuatro logramos llegar porque salimos muy pronto. Cuando llegamos la parroquia estaba rodeada por seis tanques, cuatro camiones de agua caliente, y numerosos jeeps llenos de militares, una centena aproximadamente.

Cuando llegamos estaríamos unos veinte, la mayoría mujeres, madres, algún chico joven, tres sacerdotes y algo más tarde llegó un grupo de una parroquia que logró driblar a todos los militares saliendo de uno en uno por diferentes lugares, como cuando José y María escaparon de Herodes… O como cuando los magos no sabían cómo llegar y siguieron la estrella de Belén… Otros muchos fueron detenidos en el transporte público por llevar simplemente un rosario, una biblia o cualquier otro distintivo católico.

Una vez allí estábamos en la gruta de Mama María, orando a la congoleña, danzando y cantando en ronda. Solo teníamos rosarios, biblias, crucifijos y una pancarta que decía “No al fraude electoral”. De pronto vimos que todos los militares bajaban de los vehículos y tanques y rodeaban la verja del jardín parroquial en el que estábamos, se aproximaban… Y nosotros seguimos cantando “Tokobemela yo eee, maman María” (Cantaremos para ti, Mama María). Entre nosotros nos regalábamos miradas cómplices, que luego nos comunicamos lo que queríamos decir en ellas. En algunas miradas podía verse cierto miedo, pero un miedo unido a la determinación, estábamos preparados para todo. Y en ese momento empezaron a dispararnos balas y gases lacrimógenos, como cuando disparas animales que están encerrados en una jaula. Cuando fuimos a refugiarnos a la parroquia, nos dimos cuenta de que el párroco la había encerrado a cal y canto. Probablemente ahora ya tenga una gran casa en un buen barrio de Kinshasa o un coche de lujo. Nos fuimos contra un muro; seguíamos sin ningún tipo de protección y entonces, volvieron a disparar. Volvimos a correr, no veíamos nada, no podíamos respirar. Un gran número de personas llegaron hasta el porche de la curia y se refugiaron allí. En la fuga, vimos a una de las nuestras en el suelo, tenía un fuerte golpe que se había hecho contra un muro y entonces allí nos quedamos con ella. Nosotras cuatro, un chico joven que decidió quedarse con nosotras, una mujer miembros de “Voz de los sin voz” y otro señor. Cada uno en una columna diferente, con la espalda contra ella. En un silencio incomodísimo que sólo se rompía por oraciones. He de confesar que el rezo del rosario siempre me pareció un poco aburrido, eso de repetir cincuenta veces la misma cosa a la misma persona me parecía un horror… Pero reconozco que cada palabra se llenaba de sentido: “Ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, amén”. Y es ahora cuando he entendido que verdaderamente la oración es nuestra única fuerza, es sin duda lo que nos ha salvado, no lo dudo. La fe, en momentos como éste, crece, ¡vaya si crece! Y las ganas de seguir comprometiéndose en este mundo en el que se nos ha llamado no se acaban.

Finalmente, logramos también llegar a la curia y allí, después de trámites con la ONU y con la Embajada de España, logramos salir en dos grupos. Fuimos al hospital y luego vinimos a casa.

Y es ahora cuando empezamos a digerir la cosa y cuando nos reafirmamos en que estábamos donde teníamos que estar. Que nos la hemos jugado es cierto, ¿pero para qué estamos si no en esta vida? ¿De qué sirve estar en un lugar sin reaccionar, sin participar activamente? ¿Qué quería decir Pedro Poveda con eso de “hasta que Cristo sea formado en vosotros”? ¿Y eso de “si hay que morir, se muere; pero se muere en la batalla, con honra y con gloria, con Cristo, en nombre de Cristo, y para gloria de Cristo”? ¿Quién puede morir por Cristo sin morir por sus pequeños, sin morir por la justicia?

Bueno el caso es que estamos bien, que no ha habido muertos en lo que podía haber sido una masacre.

Y lo que sacamos de todo esto es que Dios Padre nos protege, está con nosotros, no nos deja, no nos suelta.

Sé que este blog es leído por muchos jóvenes de AJ, y todos sabemos la confianza que Pedro Poveda ponía sobre nosotros. Y he pensado mucho en nosotros jóvenes, en que lo que se nos pide no es sólo colgar artículos reivindicativos con nuestros aparatitos tecnológicos. Además se nos pide ser los protagonistas de esta sociedad, se nos pide orar esta realidad, se nos pide participar más que hablar, allí donde estemos, en la realidad en la que nos toque vivir. Así que nada, ¡a ello! Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?

Un fuerte abrazo,

María Llamedo Iglesias
Kinshasa (República “Democrática” del Congo)

viernes, 2 de marzo de 2012

Biografía "tocada"

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo.» De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.» Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos». (Mc 9, 2-10)

Por Redacción AJ. El ciclo litúrgico suele llevarnos por algunos episodios de los evangelios de forma reiterativa. Todos somos conscientes de que los textos que así se repiten responden a experiencias importantes y significativas para Jesús y sus discípulos, así como para las primeras comunidades cristianas. Nosotros somos un eslabón más de esa cadena de creyentes. Sin embargo, a fuerza de leer y rezar estos textos año tras año, corremos el riesgo de pensar “ah sí, el bautismo o la transfiguración” y caer en creernos que lo que en su momento nos dijo puede seguir valiéndonos o, expresado de otro modo, que ya no tiene nada nuevo que decirnos. Hace una año, comentábamos en este espacio este mismo texto

¿Qué decir de nuevo hoy? El texto puede ser el mismo, pero las circunstancias personales y sociales en las que nos encontramos son distintas, naturalmente.

¿Cómo entender hoy este pasaje, tan lleno de simbolismos y mensaje? Os invito a contemplar vuestra vida y dejar resonar en vuestro interior: “Este es mi Hijo Amado, escuchadle”. ¿En cuántas ocasiones he experimentado estas palabras dichas para mí? ¿Qué momentos han sido “fundantes” de mi fe?

Algunos de vosotros tenéis una cuenta Facebook y, según parece, en la nueva versión se nos da la oportunidad de hacer la biografía. ¿Qué pondrías o has puesto en ella? ¿Qué no has puesto quizás por pudor? ¿Cómo aparece o aparecería tu historia de fe? ¿Has considerado la posibilidad de integrar esta dimensión al hacer esa biografía?

Cuaresma es cambio de conversión y me pregunto: ¿A qué conversión fuiste invitado o invitada en aquellos momentos? Lógicamente ha pasado el tiempo y es muy probable que algunas de las decisiones u opciones a las que te sentiste movido hayan permanecido, otras hayan ido matizándose y puede que alguna se te haya quedado sepultada por el cúmulo de invitaciones y llamadas que recibes en tu vida. ¿Hay algo que necesites recuperar o renovar o resucitar en tu vida?

Si dedicas un tiempo a repasar tu biografía (al margen de Facebook), date un tiempo para valorar sencillamente, ante el Señor, cómo va tu proyecto personal. Ese que un día te sentiste movido a tomar en peso porque no se podía quedar igual después de la experiencia del encuentro personal con Él. Aprovecha este tiempo de conversión para volverte hacia Él con todo tu ser, para volverte hacia su proyecto de amor y ternura.

Francesc Tous traía (implícitamente) la pregunta sobre los criterios evangélicos en su comentario del lunes "Lo evidente y lo enmarañado". Quizás los podamos abordar en otro momento. Sin embargo, sí que me parece que podemos decir el amor es el principal. San Agustín dijo “ama y haz lo que quieras” como ya hemos comentado en otras ocasiones. Quién se sienta a tu mesa, en el más amplio sentido de la palabra, es otro: La mesa del banquete. Jesús optó por sentarse a la mesa con publicanos, prostitutas y pecadores, aunque eso significara enfrentarse al estamento religioso. ¿Sentarnos por sentarnos? La cuestión es: ¿por qué se sentaba Jesús con ellos?, ¿qué imagen del Dios de Jesús se nos muestra en la Buena Noticia?

Carlos R. Cabarrús nombra algunas pistas más en su libro “La danza de los íntimos deseos” (Desclée De Brower), que desde aquí recomendamos encarecidamente para este y cualquier otro tiempo: construir el amor, conciencia solidaria, comportamiento ético, principio de beneficiencia, etc. 

A la luz de estos criterios podemos leer la vida en el momento actual y acoger la invitación a la conversión, desde la experiencia fundante de sabernos hijos e hijas amados y deseados.