lunes, 22 de marzo de 2010

Gastar la Vida

Por Oscar Mateos. Estos días celebramos el 30º aniversario de los asesinatos del jesuita y periodista catalán, Lluís Espinal, y del arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar Arnulfo Romero. Ambas figuras representan para los pueblos que los vieron morir, Bolivia y El Salvador, mártires de la causa de la justicia y de su opción radical por los más pobres. Ambos desafiaron a los poderes fácticos del momento: dictaduras que violaban sistemáticamente los derechos humanos y a una jerarquía eclesial tibia o cómplice con la situación sociopolítica. Ambos murieron porque creyeron radicalmente que valía la pena dar la vida por amor. Ambos resucitaron en el pueblo, como pocos días antes de su muerte, Romero ya había anunciado “Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”. Decenas de miles de personas salieron en sendos funerales como nunca los pueblos boliviano y salvadoreño habían presenciado antes.

Hoy no sólo conmemoramos su muerte. Hoy evocamos una manera de vivir la vida y la fe, de integrarlas, de darse a ellas. Espinal y Romero son testimonio vivo de una manera de vivir, comprometerse y gastar la vida. Precisamente, Espinal dejó escrito una poesía que encarna esta filosofía, un texto que me gustaría compartir con vosotros:

GASTAR LA VIDA
Jesucristo ha dicho:
“Quien quiera economizar su vida, la perderá;
y quien la gaste por Mí, la recobrará en la vida eterna”.
Pero a nosotros nos da miedo gastar la vida,
entregarla sin reservas.
Un terrible instinto de conservación nos lleva hacia el egoísmo,
y nos atenaza cuando queremos jugarnos la vida.
Tenemos seguros por todas partes, para evitar los riesgos.
Y sobre todo está la cobardía...
Señor Jesucristo, nos da miedo gastar la vida.
Pero la vida Tú nos la has dado para gastarla;
no se la puede economizar en estéril egoísmo.
Gastar la vida es trabajar por los demás, aunque no paguen;
hacer un favor al que no va a devolver;
gastar la vida es lanzarse aún al fracaso, si hace falta, sin falsas prudencias;
es quemar las naves en bien del prójimo.
Somos antorchas que solo tenemos sentido cuando nos quemamos;
solamente entonces seremos luz.
Líbranos de la prudencia cobarde,
la que nos hace evitar el sacrificio, y buscar la seguridad.
Gastar la vida no se hace con gestos ampulosos, y falsa teatralidad.
La vida se da sencillamente, sin publicidad,
como el agua de la vertiente, como la madre da el pecho al niño,
como el sudor humilde del sembrador.
Entrénanos, Señor, a lanzarnos a lo imposible,
porque detrás de lo imposible está tu gracia y tu presencia;
no podemos caer en el vacío.
El futuro es un enigma, nuestro camino se interna en la niebla;
pero queremos seguir dándonos, porque Tú estás esperando en la noche,
con mil ojos llenos de lágrimas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario