lunes, 14 de noviembre de 2011

Bienaventuradas elecciones

Por Samuel Medina. Queda menos de una semana para que se celebren elecciones generales. Llega el momento en el que nos piden que nos decidamos: ¿Qué haremos con nuestro voto? ¿Votamos a la izquierda o votamos a la derecha? Hasta hace bien poco, parecía que había poca alternativa. Por suerte, los acontecimientos surgidos recientemente en nuestro país parecen haber despertado una nueva alternativa que no obedece a una u otra doctrina. De cara a las presentes elecciones, parece instaurarse (en el momento en que escribo) con fuerza la iniciativa #aritmEtica20N, que tiene como primordial objetivo debilitar el oligopolio del que PP y PSOE gozan.

En todo caso, votamos a aquellos que creemos más acordes a nuestra ideología… Pero, ¿qué es lo que marca mi ideología? ¿Las actuaciones que los nuevos gobernantes tendrán ante la crisis? ¿La puesta en marcha de unas u otras políticas sociales? ¿Aquellos que sean más respetuosos con el medio ambiente? ¿Los que lleven a cabo una política exterior más fuerte? No es fácil encontrar un partido con cuyo programa nos identifiquemos al 100%. Para colmo, la mediocridad que predomina en la clase política europea parece hacerse más patente que nunca en los últimos meses… España es sólo el ejemplo más cercano que tenemos, pero nuestros vecinos (franceses, italianos, griegos, alemanes, portugueses, etc) no parecen encontrarse en una posición mucho más ventajosa.

No obstante, creo que la cuota de responsabilidad que los políticos van teniendo en la actual situación de crisis es menor de lo que era antes. La influencia casi omnipotente que antes tenían ha ido pasando paulatinamente a los mercados, esos “entes sin rostro” a los que se les culpa pero a los que no se les puede parar. El poder financiero ha sido el que ha pasado a dictar (literalmente) lo que el poder político tiene que hacer.

A pesar de que en muchos aspectos derecha e izquierda se encuentren en polos opuestos, ambos parecen converger bastante cuando se habla de política económica, a pesar de que, de cara a la galería, traten de diferenciarse. Por tanto, las históricas ideologías de derechas  o de izquierdas pasan a un segundo plano muy alejado en el momento actual. Ya no se trata de optar por una u otra opción, sino por tomar una determinada a favor o en contra de las políticas económicas neoliberales, puesto que éstas serán las que marquen el resto de decisiones que atañen en nuestro país (véase la política de recortes que se está imponiendo en Grecia, o la disminución del sueldo de los funcionarios y congelación de pensiones a la que España se vio obligada). Es entendible la desesperanza que inunda la sociedad, cimentada en la mediocre clase política, y sostenida sobre la volatilidad económica.

¿Qué podemos hacer nosotros? ¿Cómo contagiar algo de esperanza a nuestro alrededor y transmitir que pese a todo, otro mundo es posible? Los cristianos tenemos por suerte un programa con acciones concretas donde aferrarnos, con medidas concretas a aplicar para cambiar el mundo, para bajar el paraíso a la Tierra. En una época que puede ser más parecida a la actual de lo que pensamos (Palestina se hallaba sumidos en una gravísima crisis económica propiciada por la decadente ocupación romana y el pueblo se encontraba con un vacío de valores y referentes a los que seguir), Jesús revolucionó la sociedad con un discurso sencillo en apariencia y extremadamente profundo y renovador de fondo: Las Bienaventuranzas.

Es difícil reparar en el impacto que estas “Ocho locuras de Cristo”, como las define Martín Descalzo en su libro “Vida y Misterio de Jesús de Nazaret” provocaron en su época. Rompieron con todos los moldes que habían hasta la fecha, fueron extraordinariamente revolucionarias, tanto en el plano moral como en el legal, en una época donde las leyes teocráticas habían de cumplirse so pena de duros castigos. Hoy constituyen la base de la sociedad democristiana, principios aceptados tanto por creyentes como no creyentes. Sin embargo, nunca nadie había hablado antes de enaltecer la pobreza como valor supremo, de ser manso y humilde ante la violencia, de ser pacífico, limpio de corazón o perseguido por causas justas como la clave para alcanzar la felicidad… El fin último que todos los seres humanos perseguimos.

Hoy, veinte siglos después,  son  fórmulas que hemos oído tantas veces, que se han vuelto insípidas, sosas… Las damos por sabidas y las mentamos como un pasaje más… Hemos apagado el fuego que Jesús nos encargó que propagáramos. Tendríamos, por ello, que volver a descender a su fondo para entenderlas, detenernos para descubrir que, en todo caso, “son palabras en las que se juega nuestro destino; palabras a vida o muerte”, palabras que pueden hacer cambiar el mundo, ni más ni menos. Abarcan todos los aspectos de la vida, del buen ciudadano, del buen cristiano... La solución total de todos los males.

Tenemos un programa. Tenemos la fórmula, y tenemos el referente. La aplicación de las mismas en la sociedad provocaría un efecto transformador e imparable, que cambiaría el mundo tal y como lo conocemos de pies a cabeza. Los resultados transformarían la vida de todos. Es la ideología que nos define, la que seguimos y la única que puede conducirnos hacia la verdadera felicidad, la que nunca se acaba… Sabemos que es un programa difícil de cumplir. Probablemente los políticos seguirán siendo igual de mediocres y la crisis igual de devastadora… Pero también es probable que hayamos hecho mucho más por la historia de la humanidad de lo que pensamos… 

sábado, 12 de noviembre de 2011

Dones que generan vida

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno, a cada cual según su capacidad; luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que habla recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: "Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Se acercó luego el que habla recibido dos talentos y dijo: "Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos." Su señor le dijo: "Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor." Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: "Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo." El señor le respondió: "Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver yo, pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadle fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes."» (Mt 25, 14-30)
Por Redacción AJ. En el comentario de la semana pasada destacábamos la necesidad del mantenimiento de la fe y comentábamos que junto a este texto de los talentos formaba parte del preámbulo a la subida a Jerusalén.

Despué de preguntarnos cómo estar vigilantes para que la llama de nuestra fe no se apague, cómo mantener la fe viva, hoy nos encontramos con las preguntas: ¿qué hacer con los dones recibidos?, ¿qué hacer con nuestra fe? Hace mucho escuché a Pedro Belderrain, un buen amigo de Acit Joven, decir que la fe es como el chocolate: si lo metes en el bolsillo para no tener que compartirlo con los hermanos y poder comértelo en otro momento en que estés solo, se derrite y ni tú ni tus hermanos lo podéis disfrutar. 

La fe conlleva "ponerla en juego", compartirla con los que nos rodean, poner nuestros dones a disposición de quienes se relacionan con nosotros: ser co-creadores de la vida y de la historia, generar vida a nuestro alrededor. El premio es pasar a disfrutar del banquete, con todo lo que ello implica (véase Una invitación a la vida en el blog de AJ). 

¿Cuáles son tus dones, esos que sólo tú puedes aportar y que son mediación para el soplo del Espíritu en tu realidad concreta? Simplemente nómbralos... no juzgues, déjate fluir... No dejes que las imágenes que puedas tener de ti o que creas que otros tienen interfieran en lo que aflore a tu mente.

Dale las gracias a Jesús o a Dios Padre y Madre por tus dones, por lo que tú aportas de especial a la vida.

Date unos minutos para relajarte, repasa la semana que has vivido, las situaciones gozosas y dolorosas, fáciles y difíciles... Deja que tu mente recorra los días y que tu cuerpo tome conciencia de lo vivido.

¿Cómo han salido a la luz tus dones en esas circunstancias? 

¿Qué has aportado que sólo tú pudieras aportar en esas situaciones? ¿Qué te movió a hacerlo?

¿Qué has dejado de aportar, favoreciendo que la situación no fuera tan rica como podría haber sido? ¿Qué te frenó?

Pídele a Jesús o a Dios Padre y Madre, que te dé la gracia que necesitas para poner tus dones al servicio de los ambientes en los que te mueves, de las personas con las que te relacionas.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Mujeres e Iglesia: crítica y liberación

Por Sonia Herrera. Aunque las mujeres son mayoría dentro de la Iglesia católica, la estructura patriarcal de la misma las ha silenciado durante siglos y las ha sometido a un techo de cristal férreo basado, según la jerarquía eclesial, en la “divina providencia” dando lugar a lo que Sonia Villegas denomina “el sexo olvidado” de la Iglesia.
Quizás actualmente la cara más visible y mediática de la teología feminista dentro del catolicismo es Teresa Forcades, monja benedictina del monasterio de Sant Benet de Montserrat y doctora en Teología y en Salud Pública por la Universidad de Barcelona cuyas opiniones sobre la interrupción voluntaria del embarazo y sobre la sexualidad siguen causando la controversia de los conservadores y el rechazo del Vaticano.
Forcades empezó a adquirir notoriedad en el año 2009 cuando fue entrevistadas por varios medios de comunicación en los que manifestó que “la decisión de abortar es indisociable de la autodeterminación de la madre” y que “la sexualidad es fundamental no sólo para reproducirse sino también para correlacionarse y también para aprender el deseo de Dios”.
Pero no solo ella defiende una nueva teología alejada del androcentrismo y el machismo. En todo el mundo, varios movimientos de mujeres aglutinados bajo el nombre de Católicas por el Derecho a Decidir trabajan y luchan por otra Iglesia, más en consonancia con los deseos de Jesús y menos ligada a los intereses de la cúpula eclesiástica; una Iglesia que respete la diversidad, que no juzgue ni castigue, sino que acompañe y camine al mismo ritmo que la sociedad, teniendo en cuenta y respetando los derechos de las mujeres y las decisiones de éstas sobre su propio cuerpo.
Ya el siglo XVII, Sor Juana Inés de la Cruz se posicionó a través de sus versos y su prosa contra la Trinidad ortodoxa masculina y contra el machismo propio de la época:
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.

Más tarde, en el siglo XIX, Concepción Arenal, desde el catolicismo social, impulsó el feminismo y los derechos de la mujer en España y nos dejó para siempre una frase que hoy por hoy sigue siendo sistemáticamente incumplida total o parcialmente: “La sociedad no puede en justicia prohibir el ejercicio honrado de sus facultades a la mitad del género humano”.

Incluso Jesús se mostró siempre próximo a las mujeres y a sus necesidades durante toda su vida pública, rompiendo con muchos arquetipos y tabúes de su época. Así lo expresa la antropóloga mexicana María Consuelo Mejía Piñeiros, directora de Católicas por el Derecho a Decidir desde el año 1994: “[Jesús] se acercó a la hemorroísa, la mujer que sufría de flujos de sangre desde hacía doce años y la curó. En aquel entonces la menstruación era un signo total de impureza. (…) Se acercó también a las prostitutas. (…) Feminismo y catolicismo obviamente son una mezcla explosiva porque desde el feminismo estamos cuestionando muchas cosas que se están planteando como si fueran las únicas posibles en la Iglesia Católica, cuando no se trata de doctrina”.
Excluidas durante cientos de años de las disposiciones de la Iglesia, siempre ha habido mujeres que desde el interior de la misma han luchado por el cambio social y han dado pasos importantes para la consecución de la igualdad entre mujeres y hombres también en lo concerniente a la fe y a la religiosidad. Por ello (y por ellas) considero necesario, o más bien, imprescindible, que la Iglesia cambie sus dogmas sobre la mujer y sobre los derechos sexuales y reproductivos de las mismas y dé voz y voto a las que siempre fueron excomulgadas, acusadas de herejía o brujería o simplemente rechazadas por reclamar lo que históricamente les corresponde.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Alimentar la fe

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas. Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas. El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron. A medianoche se oyó una voz:  "¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!" Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las sensatas: "Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas. Pero las sensatas contestaron: "Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis." Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo: "Señor, Señor, ábrenos." Pero él respondió: "Os lo aseguro: no os conozco." Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora.» (Mt 25, 1-13)
Por Redacción AJ. El evangelista Mateo recoge una serie de parábolas de Jesús en un momento de confrontación abierta con el estamento religioso judío. Si vamos al nuevo testamento y leemos de seguido, veremos que tenemos en este capítulo 25 la parábola de hoy, las jóvenes que esperan la llegada del novio, la parábola de los talentos y qué hacer con los dones recibidos, y el juicio final, con ese "lo que hicisteis a uno de estos me lo hicisteis a mí". Todo ello previo a la cena de Pascua y la Pasión de Jesús en el capítulo 26. La intención del evangelista no la vamos a desgranar hoy, pero parece claro que el capítulo 25 es un preámbulo intencionado para el capítulo 26.

¿Qué destacar del texto de hoy? La actitud de espera activa, de estar atento "como espera el centinela la aurora", es propia del discipulado de Jesús. No se trata el seguimiento de Jesús de "cumplir" preceptos y ritos (que están ahí como ayuda), sino de estar atentos, de esperar activamente, de mantenerse en vela, de alimentar la fe, porque no sabemos cuándo llegará ni cuándo llamará a nuestra puerta. La fe no se basa en estar sentados indiferentes, como quien lo tiene todo claro y no tiene más que sentarse a vivir su vida. La fe se basa en la búsqueda, en la sed de más, en el deseo de mantener el deseo activo... Las jóvenes oyen el anuncio y se levantan prestas, como lo hicieron los de Emaús al reconocer a Jesús. Cogen sus lámparas de aceite, para que les alumbre el camino, para que les acompañe en la espera, para que el propio novio pueda verlas al aproximarse. También nosotros llevamos nuestras lámparas, nuestra fe, pero... ¿la alimentamos? ¿Cuidamos de alimentar nuestra fe?, ¿cuidas tu fe? 
El icono de Acit Joven representa la lámpara de los primeros cristianos. Es una lámpara como la de estas jóvenes, necesitada de aceite que la mantenga encendida. Muchos las llevamos en las chapas que hemos hecho, nos alegramos cuando lo vemos, lo echamos en falta si no está y hoy me pregunto... Cuando decimos "soy de Acit Joven" y nos identificamos con esa lámpara de aceite y todo lo que representa... ¿Estamos también alimentando esa lámpara?, ¿estamos también cuidándonos de alimentar la fe? ¿Cómo "mantenemos alimentado" nuestro ser de Acit Joven? En definitiva, ¿llevamos la lámpara y el aceite, atentos a la llegada del Señor, dispuestos a mantenernos a la espera?